Mientras golpeaba su pecho reiteradas veces, trataba de detener la angustia que la invadía, lloraba. Lloraba de dolor y odio, de angustia y pena... lloraba de miedo.
Nunca fue una persona de esas que confían, más bien era una chica muy insegura por esos golpes que te da el destino. Pero su inseguridad sumada a la gran intuición que poseía, la hacían una bomba de tiempo para los planes de Jay.
Lo golpeaba y maldecía, al tiempo que las lagrimas rodaban sin parar por sus pómulos pronunciados. No veía en él rastros de su héroe, en ese momento el morocho era solo una amenaza que acechaba su felicidad. Una marioneta del enemigo... o más bien EL ENEMIGO.
Él también lloraba y era tan lindo cuando lo hacía, arrugaba su entrecejo y achinaba los ojitos verdes que tantos delirios le provocaban. Ceñía su boca como si estuviese sonriendo, pero realmente, ese era un claro signo de dolor.
¿Dónde estaba ese Simón que llego al NE con flores blancas y un “llega el cura y nos casamos”? ¿Dónde estaba aquel héroe de su vida inventada? ¿Que fue del hombre al cual casi se entrego dos veces?... eran algunas de las preguntas que invadían su mente, pero de las cuales no obtenía respuesta alguna.
"Hablaaaa, hablaaaa ¿cuál es el plan?" las palabras salían a borbotones por su garganta, sin medir daño "¿¿queres matarnos a Thiago es eso?? ¿¿Queres terminar con él como terminaste con todos nosotros?? ¡¡ENFERMO!!" fuera de sí lo empujaba contra la viga de madera, esperando al menos por un instante, que los golpes le devolvieran lo perdido. Esperando aquel odio invasor se fuera junto a él... esperando TAN SOLO encontrar una luz de esperanza en la oscuridad que los envolvía.
"¿¿cuál es el plan?? TE ODIO!! SOS UNA MIERDA!!" Gritó mientras evadía los abrazos contenedores de su pareja. Sabía que Simón no era un mal tipo, creía haberlo conocido durante su noviazgo en el NE, pero en ese instante él no era SU HEROE, ni lo seria en el futuro.
Debía reconocer que parte de ese odio, el que estaba acunado en su pecho, se formo cuando lo vio besando a Valeria en el NE durante su noviazgo. Ciertamente ese engaño fue un golpe fuerte, pero como Mariacheta ella debía superarlo y la llegada de Thiago había terminado por curar todo.
Pero lo peor vino después, la muerte de Kika, los atentados contra ellos, la doble personalidad de Simón y todo el tema de Jay fueron creando en su corazón demasiado miedo y resentimiento contra aquel héroe.
Aunque algo muy dentro de su corazón le decía que aun faltaban piezas en ese rompecabezas... de repente por su mente vagó la opción de que algo en su pasado estuviese relacionado a Simón, pero no le dio importancia a esa loca idea. Si Simón Arrechavaleta hubiese pertenecido a su pasado mas allá de una amistad, de seguro se habría enterado de alguna manera.
Lo golpeaba simplemente porque también tenía miedo de perderlo a él, porque su corazón con miedo y todo, añoraba tenerlo cerca y ese plan los alejaría eternamente.
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“¡¡LOS AMO MAR!! ¡¡LOS AMO!!” ese grito la callo al instante, solo eso quería oír, solo eso necesitaba. Era ese el hombre al que le reclamaba, era ese SU Simón, era aquel héroe que la refugio entre sus brazos. “Por eso me voy… porque los AMO” y un último golpe sobre su fornido pecho fue el símbolo de que todo ese miedo y odio se habían ido, dándole paso a la compasión, a la confianza, al amor, pero sobre todo al dolor de perderlo. “Los AMO… perdoname… perdoname” y era tan sincero, lo veía en sus ojos, apenas abiertos por la hinchazón del llanto.
Ambos lloraban, separados por una mínima distancia, ella con los brazos cubriendo su pecho en señal de debilidad, mientras él se balanceaba acercándose de vez en cuando a su rostro y tomándolo fuertemente entre sus manos. Luego sobaba su cara por la angustia, pero nuevamente volvía a tomar esa carita de ángel que una vez lo enamoró perdidamente y que en esa vida inventada lo habia re encantado haciendo renacer su amor.
Él sabía, él recordaba… él tenía en su mente y en su corazón a aquella payasita boxeadora que tantas sonrisas le había robado. Él aun la amaba, de una forma distinta, casi platónica. Sabía que en alguna línea temporal ellos estaban juntos, sabía que en algún futuro paralelo el destino había sido su aliado y les concedió la felicidad de mantenerlos juntos. Pero no era este el caso y ella lo odiaba, le tenía miedo y lo peor… ni siquiera lo recordaba, esa era la cosa que más le dolía y provocaba un llanto desde el alma.
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Lo oía llorar, lo veía sufrir y le partía el alma, sentía muy dentro suyo que algo faltaba, que algo les debían… a ambos y lo quería, lo añoraba. Quería la verdad.
Sintió la cálida mano nuevamente en su mejilla y no se contuvo más, lo abrazo como nunca, como siempre. Lo abrazo sin recuerdos, ni memorias, lo abrazo con sentimiento y melancolía, lo abrazo esperando recordarlo antes de toda esa mierda, lo abrazo y su corazón saltó como cuando lo vio por primera vez. Acariciaba su espalda y su pelo, mientras aquel llanto amargo humedecía su hombro, era un niño acurrucado en su cuello, era un héroe sin poderes.
Se alejo tomando el rostro entre sus temblorosas manos, queriendo darle fuerzas y confianza. Lo miro… de una forma especial y él correspondió, entre dolor y vergüenza la miro como el día que se reencontraron en la condecoración. Y sin previo aviso se perdió en ese verde intenso, no supo cuando, donde, ni como… pero en ese par de segundos, llovieron los recuerdos en su mente.
Solo eran recuerdos juntos, eran ellos más jóvenes, más niños. Era Simón Arrechavatela manchado por el barro que salpico desde el cuatri que manejaba junto a Jaz; era ella ayudándolo a descargar un camión de verduras; era él entregándole un ramo de flores… recuerdos de ese mágico verano. Recuerdos de amor y sinceridad. Recuerdos de su payasito…
Sí, lo recordaba disfrazado a su lado, gritando un fuerte y divertido “wiiiiii”,recordaba su sonrisa de payaso al decirle que si quería ser su novia. Lo recordaba feliz y eterno, junto a Sole en la placita; recordaba sus tatoo’s y la mágica frase “aunque esto se borre, lo que siento por vos no se borra con nada”; recordaba y las lagrimas caían mientras en su cabeza se oía la melodía de una tierna canción… “de cabeza por tu amor y con mi mundo al revés, tengo la tierra en mis manos y llevo el cielo en los pies… y llevo el cielo en los pies” lo miraba y sabia que ahí estaba su payasito.
Necesitaba con urgencia decirle que siempre lo amaría de una forma especial, que nunca más se olvidaría de ese amor que nació entre ambos y que lo extrañaría demasiado. Necesitaba pedirle perdón y que supiera que lo recordaba y lo recordaría siempre, pero no lo lograba. Las palabras no salían, solo lo miraba angustiada.
Pero él sabía leer sus ojos, la profundidad de esa mirada era sumamente familiar para Simón. Entendía claramente lo que ellos expresaban y estaba agradecido de esa conexión… porque con ella sentía el perdón y la disculpa de Mar, de SU mar, de su payasita. Esa mujer que nunca seria suya, pero eternamente viviría en su corazón, residiendo como el primer amor, aunque ahora en sus vidas, nuevas personas reinaran.
Lo vivido y amado nunca se iría, los "te amo payasita" nuevamente estaban entre sus recuerdos y ese era un alivio gigante, que lo impulsaban a cumplir su misión. Tomarían nuevos rumbos, pero la película que juntos crearon, algún día se estrenaría en los mejores cines, como un drama romántico que perdurara por la eternidad. Mar y Simón… un amor eterno… próximamente.
Dedicado a Leo Calderone, el cagador de historias

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