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lunes, noviembre 28, 2011

"Sobre Ruedas"




Vainilla. Sí, vainilla. Ese era el exquisito aroma que la embargó apenas activo sus sentidos después de una tranquila noche de sueño profundo. Su cuarto olía a vainilla fresca, quizá era por los inciensos, las sales, el desodorante ambiental o su pelo -probablemente por un cumulo de todo lo anterior- pero es que si algo tenía en claro Mariana era su fascinación por ese aroma que la transportaba a otro mundo. Lentamente abrió los ojos, primero el derecho y luego el izquierdo “¡Que cosa más desagradable despertar con tanta luz!” Reclamó en su mente: “ni con una tonelada de vainilla se parte bien el día así” frunció el ceño y chistó la lengua, tomando la almohada blanca de plumas y cubriéndose la cabeza molesta.

-¡Lali es el noveno mensaje que te dejo! Plis llamame, mañana a las 10 te recogeremos- la voz de Eugenia, una de sus mejores amigas, se filtró por su celular mientras revisaba los mensajes- Sabes que no me gusta ser pesada, así que te quiero de pie en la puerta a esa hora, con una sonrisa de tres metros eh- la morocha sonrió como queriendo decir “querer no siempre es poder Eushi”- ¡Y no es joda!- esa era Cande, obviamente, y como siempre interrumpiendo de un grito. Amaba como se conocían, tanto que lograban adivinar lo que la otra estaba pensando solo con una mirada- ¡Can! Me dejaste sorda…- de seguro ahí comenzaba la pelea, ni siquiera cuando le estaban dejando un mensaje en el buzón de voz se ponían de acuerdo. Rió con más ganas, imaginando las caras de sus amigas al discutir. Con letargo salió al fin de la cama, no quería ver a la china molesta, ni menos bancarse los grititos matutinos de Cande- Bueno amiga, apurate. Nos vemos mañana ¡Te queremos!- después de varias palabrotas entre ellas se despidieron gritando con voz de nenas, mejorando claramente su mañana. 

“Nada mejor para comenzar el día que un mensaje roba sonrisas de mis amiguillas” pensó mientras se estiraba perezosamente. El día definitivamente había comenzado.

Eran las 9:00 de la mañana y solo tenía preparada la mitad del equipaje que llevaría a Punta, la noche anterior se alargó por lo mismo -tener que seleccionar ropa y zapatos para llevar la ponía con los nervios de punta- y ahora en solo 58 minutos debía organizar todo lo demás. Por eso también el exceso de sueño que llevaba encima. Mariana Espósito no era una chica impuntual, por el contrario, se caracterizaba por su responsabilidad y correcto desempeño en todo lo que se proponía, o la mayoría de ello.

Rápidamente corrió a la ducha – antes prendió, como siempre, un nuevo incienso de vainilla- estuvo quince minutos dentro y salió trastabillando por la resbalosa cerámica. Necesitaba tranquilizarse ¡pero eran sus primeras vacaciones solas! habían esperado este momento por años y hoy por fin todo estaba listo. Encendió su home theater y Katy Perry invadió la habitación con el gran tema “ET”.
Comenzó a moverse al ritmo de la canción mientras revolvía los cajones en busca de su atuendo “¿corto o largo?” se auto-interrogó mentalmente “Largo, mejor prevenir que lamentar” pensó en el posible clima costero y asintió segura. Prefería hablar con su voz interna a que entrara cualquiera al cuarto y la viera hablando sola, ya la consideraban lo suficientemente loca como para eso.

-La, las chicas dicen que están en quince acá- la voz de Emi, su madre, la interrumpió desde el otro lado de la puerta. Lali soltó un pequeño alarido y comenzó a correr como desquiciada. ¡Odiaba esto! “¿no dijeron a las 10?” gruñó al notar que todavía no daban ni las 9:30.

Lanzó la toalla sobre el sofá y comenzó a vestirse, ropa interior negra y encima su remera floreada favorita, tenía estampado el mensaje que más la representaba “eternal smile”. Desdobló unos chupines azules y con dificultad se los colocó. Luego las convers negras a las que tanto apreció les tenía y por último colocó horizontalmente sobre su frente una vincha azul que hacia juego con los chupines. Se encrespó un poco las pestañas y llenó su mochila con los libros y CD’s favoritos, un par de lápices de colores y su cuaderno de dibujos. El celu, el ipod, su cosmetiquero, un par de cosillas para el pelo y aretes para cambiarse mientras estuviese allá. Su billetera con las tarjetas, DNI y visa (que aunque no la necesitaba, siempre iba con ella). Por último tomó su libreta especial de anotaciones – mediana, rosada y con dibujos hechos por ella misma- ahí era donde se desahogaba y lograba conectarse completamente con su alma. Derramando su imaginación atraves de un bolígrafo rasgando el papel, podía ser sincera y completamente feliz.

-¡¡Llegaron!!- el gritó se escuchó desde el primer piso, la morochila pegó un salto de aquellos al escuchar la bocina. Y casi por instinto gritó un necesario “mierda”, bajo corriendo con la mochila al hombro y las dos maletas en la mano. Su pequeño poodle la recibió con saltos alocados y ladridos, con dificultad lo tomó de la correa y salió junto a Emi, que la ayudó con una de sus maletas.

Su rubia amiga estaba apoyada contra el auto con una ceja alzada y los brazos cruzados, mientras la castaña hablaba por celular sentada al volante.

-Abre la maletera Can- ordenó la rubia, pero la aludida estaba en otro mundo- ¡Cande!- gritó.
-¿¿Qué??- tapó el celular con mala cara.
-¡La maletera che!- alzó los brazos molesta. Definitivamente ya no había vuelta atrás, estaba molesta; o sea, a bancársela durante todo el viaje rezongando.
-Buen día Can- saludó Lali, pasando por su lado hacia la parte trasera del jeep verde limón de la castaña. Ésta lanzó un beso silencioso como respuesta- Hola Eushi ¿tas enojada?
-No lo estoy disimulando
- tomó sus maletas y las metió en la parte trasera junto a las de ella. Luego guardo las cosas de “pelusa” junto a las de “Chilo”, que era el perrito de la china. Cande a diferencia de sus dos amigas no tenía mucho apego con los animales. Mientras la rubia cerraba con un portazo, ella se despidió de Emi.

-Chau ma, despedime de Nico, - su padre ya había partido a trabajar- y disfruta los días sin mí…
-Cómo si te viera muy seguido.
- bromeó su madre besándola en la frente- Cuidate mucho y llámame.
-Lo haré-
subió al auto y cerró la puerta.
-Vamos mejor, que llegaremos más tarde de lo esperado- se quejó Euge haciendo alusión a la chica con olor a vainilla, quien a sus espaldas le saco la lengua- Disfrutá la luna de miel Emi- bromeó lanzándole un beso.
-Cuídense y ¡¡maneja con cuidado Cande!!- advirtió como toda madre cuida.

-¡Buee Euge, tampoco me demoré tanto che!- Lali acomodó a Pelusa en el asiento junto a Chilo, quien se volvió loco al verla. Eran re ¿amigos?
-¡Corta eso Candela! Ahora debes manejar- Cande la asesinó con la mirada y se despidió de su novio con extrema ternura.

El viaje partió con normalidad, la conductora colocó un mix de pop que incluía a Beyoncé, Lady Gaga, Katy Perry y Rihanna, entre otras. Euge iba a su lado en silencio con las gafas de sol puestas. En el asiento trasero yacía Pelusa a la derecha y Chilo a la izquierda, mientras la morocha ocupaba el centro. Al parecer las mascotas ya habían sufrido la primera pelea de las vacaciones, porque se miraban con recelo y la poodle hacia desprecios graciosos.

-¿Seguís enojada Eu? ¡No cagues el viaje por una pavada!- la China no respondió, estaba en otro mundo.
-Dejala La, no está así por vos. Nico corto con ella anoche.- los oscuros ojos de Lali se agrandaron de la impresión. Nicoy Euge llevaban bastante tiempo juntos y aunque peleaban a menudo, nunca habían terminado- Está más malhumorada de lo normal, preferiría que llorara todo el viaje como la gente normal…
-Callate Can
- más que una orden sonó a súplica.
-China, lo siento- la abrazó desde atrás y depositó un beso en su mejilla- es un pelotudo que no valora tus sentimientos…
-Gracias La.-
soltó un suspiro fuerte- Bueee, tengo que despejar la mente. Ya me cagó la noche, no permitiré que cague mis vacaciones…
-¡Así se habla! Chicas, estamos solaaaaaaaaaaaaaaaaas
- Cande gritó extasiada.
-¡y nos vamos a Punta!- la apoyó Lali desde atrás.
-Vamos solteritas y dispuestas a todooooo- aunque intentaba sonar entusiasta, al final su voz se quebró. Siempre se mostró tan enamorada de Nico y él de ella que no se entendía el rompimiento. De hecho Cande ni siquiera quizo corregir el tema de la soltería, para no hacerla sentir mal. Ella llevaba un par de días siendo OFICIALMENTE la novia de su maestro de música, Victorio D’alessandro, en secreto obviamente.

El viaje siguió tranquilo y sin novedades, llevaban cerca de una hora rodando por la carretera. 

La rubia pelicorta recordando a su ex novio de lomazo perfecto, con la sonrisa más linda que vió en su vida y los ojos verdes que tanto amaba. Pensaba en su año y medio de noviazgo, su primera vez, sus escapadas nocturnas y todas las locuras que habían hecho por el otro. Al recordarlo no podía dejar de llorar y aunque las grandes gafas disimulaban bastante, nunca esconderían todo lo que sentía, menos de sus dos mejores amigas que tanto la conocían.

Cande por su parte iba parloteando y riendo, mientras el manos libre la comunicaba con su moreno de ojos color cielo. Había esperado tantos años por alguien así de especial, que aún no creía tenerlo completamente para ella. Todavía había cicatrices profundas de su antigua relación de dos años, pero Vico con cada beso o caricia la iba sanando poco a poco. Cuando entró a su ultimo año de colegio había perdido las esperanzas de alguna vez tener un profesor caño, siempre eran los mismos vejetes o gordos hediondos. Pero ese año todo cambio y no solo llegó un nuevo profesor de música, sino también una nueva razón para seguir adelante, aun viendo a Agus pasear con Daky frente a sus narices con total naturalidad.

Por último estaba Lali, la inteligente del grupo. La chica responsable y escritora, quien en cierta forma era el punto neutro entre dos caracteres tan fuertes como los de Eu y Can –como le gustaba decirles- desde que se conocieron por primera vez, a los ocho años, Lali supo que quería estar a su lado por siempre. Una le entregaba toda la diversión y la otra toda la personalidad, mientras ella sumaba la madurez y mesura. Las tres lograban mantener el equilibrio de sus mundos, de la mano, sabiéndose respaldada la una por la otra en todas. 
  
Pero en la vida de la morocha algo no cerraba bien. Últimamente estaba sintiendo su corazón abandonado y aunque sus amigas no se despegaban de su lado, ambas tenían sus relaciones amorosas –con problemas y todo, pero relaciones al fin- cosa que ella nunca antes pudo tener. No era justo culpar al aprensivo Nicolás, que como padre siempre la bancaba en todas, menos en el tema de chicos; tampoco a Emi, que dentro de todo la presionaba con sus delirios de noviazgo perfecto. Menos culpar a las dos personas que iban con ella en el auto, que cada tres segundos tocaban el tema de su soltería casi como una enfermedad contagiosa; de hecho Lali imaginó que en ese preciso instante Euge estaba culpándola en cierto aspecto por traspasarle su mala suerte en el amor.

-Changuita- la dulce voz de Cande la hizo volver a la realidad. Interrumpiendo la estúpida visión de ella vieja, arrugada y sola con un cuaderno y un lápiz sobre las piernas. Desde un par de meses esa desoladora imagen no salía de su cabeza; atormentándola- La…
-Decime.
-¿Pasó algo con Benja?-
ella se refería a uno de los compañeros de literatura, que mostraba gran interés por su amiga.
-Nada, somos amigos, casi hermanos- sin poder impedirlo su rostro se enrojeció-¿Por qué siempre sacas a Benja al tapete Can?
-Es el chico que más se acerca a vos… o que le permitís acercarse
- sonrió mirándola por el retrovisor. Euge se había dormido con los ojitos húmedos.
-Por lo mismo, somos amigos y solo eso, ya sabes que no tengo apuro en encontrar pareja- y aunque antes eso hubiera sido real, desde que Cande había comenzado con el profesor caño, ella se sentía más sola que nunca. O quizá más fuera de lugar en sus conversaciones amorosas, no tenía opinión y todo lo que podía decir era en base a lo que ALGUNA VEZ leyó en cualquier libro relacionado con el tema.
-En algún momento lo necesitarás, ya tenés dieciocho años… no quiero decir que este mal tu soltería, pero es raro...- Lali levantó los hombros con desdén, restándole importancia- mirate, sos hermosa, inteligente, divertida y además escribís cosas geniales ¿Por qué te alejas de la gente?
-Si lo supiera no sería mi mayor defecto, porque de seguro lo habría intentado cambiar-
reconoció apoyando su espalda en el asiento. Mientras acariciaba a los perritos, continuó- pero ya aprendí a vivir con eso y aunque no sea un tema TAN relevante, muchas veces duele…
-¿A vos te duele que yo desde Septiembre hable tanto de Vicu?
- preguntó afligida- quizá he sido desubicada, además Euge también habla bastante de Nico…
-Es incómodo, pero no ha llegado al punto de ser doloroso… seria egoísta sentirme mal por su felicidad.
-Quizá necesites ver un psicólogo amiga.-
la cara de la petiza se endureció- Quizá ir a alguna terapia grupal...- sugirió encogiéndose de hombros, a lo que su amiga se mostró menos de acuerdo- o de última tener citas a ciega- finalmente Cande siempre la hacía reír, aunque el tema se estuviera poniendo tenso-"solo quiero verte reír"- canturreo el tema de Axel.
-Gracias chirucita, pero tranqui, presiento que se vienen cosas muy buenas en ese aspecto- sonrió con ternura- Solo tiempo al tiempo…
-Vos dedicate a escribir y yo a intuir mejor
- ambas rieron.
-A ver… ¿qué intuís sobre mí ahora?
-Intuyo que encontrarás el amor, tipo un príncipe como los de cuentos de hadas y serán re felices
- Mariana rió aun más, la castaña veía demasiadas novelas y era muy inocente para creer eso. Muchas veces soñó con un príncipe azul, pero de ahí a tener fe en encontrarlo, faltaba mucho.
-¡Eso solo pasa en las películas amiga! Mejor dedicate a la música con tu novio y dejá la intuición, no te va ir muy bien- rió, ganándose una gran sacada de lengua- ¡¡Cuidado Can!!- Un auto se les cruzó sin siquiera señalar, gracias a Dios Candela tenía buenos reflejos y alcanzó a maniobrar el auto hacia la otra pista, pero la frenada despertó a Euge y casi las mato del susto.

El mini Cooper azul eléctrico aceleró alejándose de ellas por la carretera. La castaña estaba medio temblorosa, mientras Euge se refregaba los ojos y el cuello, Lali por su parte trataba de calmar a los perros y sus ganas de vomitar. El susto fue bastante grande, pero nadie dijo nada, aún estaban medio en shock ¿Que hubiese pasado si Cande no alcanzaba a frenar? Era la pregunta que las mantenía atrapadas, sus primeras vacaciones quizá hubiesen sido las últimas.

-Perdón chicas…
-No hay nada que perdonar Can-
Lali le acarició el hombro- ¡el pelotudo se nos cruzó! Además vos reaccionaste muy bien- la apoyó como siempre.
-Sí, Candelón. Vos tranca que apenas nos crucemos el auto les gritaré de todo menos lo mal conductor que es el estúpido ese- Euge sonreía triste. Cande conocía bien esa sonrisa, era la misma que la acompaño por varios meses después del término con Agus.
-Amiguilla ¿querés que lo llame a Nico?- ella negó rotundamente- no sabemos que le paso, quizá es por otro tema que se alejó…- Euge volvió a negar enérgicamente.
-Tiene razón, quizá Pucker tuvo otra razón para cortar con vos… algo que pueden revertir juntos- sugirió Lali.
-¡No chicas! Y por favor dejemos el tema acá- se colocó los audífonos y los lentes para intentar volver a dormir.

Lali suspiró y nuevamente se recostó sobre el respaldo del cómodo asiento, estaba afligida por lo de Euge, además de nerviosa por el incidente con aquel irrespetuoso conductor del mini Cooper azul eléctrico y contrariada por la conversación con Cande sobre la soltería eterna. Sin darse cuenta casi aplasta a Chilo quien estaba pasando por su espalda hacia pelusa. Le dejó espacio para que jugaran y se apoyó en la ventana izquierda, justo tras Euge. 

Sacó su libreta de anotaciones y comenzó a garabatear una historia que la invadió…


  Las tres chicas viajaban por primera vez a Punta del Este SOLAS, en el nuevo y cómodo jeep de Candela, la única castaña del tridente, quien manejaba y cantaba al ritmo de la música, moviendo el pelo con majestuosidad y haciendo gestos sexys con su pálido rostro – ella siempre fue el alma de la fiesta-. A su lado Eugenia, una rubia de cuerpo envidiable y ojos verdes rasgados, sonreía mirando el número que aparecía en la pantalla de su moderno Iphone blanco. Era Nicolás, su reciente ex novio. Cerraba el grupo Mariana, la morocha pelilarga de gran sonrisa y pocos pretendientes, quien cantaba a coro con la castaña. Ambas guardaron silencio ante los aspavientos de la china para poder hablar tranquila con el rubio de rulos y aclarar el tema de su relación. Mientras Cande conectaba los auriculares para seguir bailando la canción de Lady Gaga, Lali decidió apreciar un poco el paisaje que recorrían a gran velocidad, amaba pintar y ver diversos elementos en el camino la inspiraba.

  Era una tarde agradable, el cielo estaba nublado pero aun así el aire era tibio, ideal para realizar un viaje de casi seis horas en auto. En el asiento trasero yacían dormidos las mascotas del grupo, Chilo y pelusa, los perritos que desde varios años pertenecían a Euge y Lali –respectivamente-. Cande por su parte prefería mirarlos desde lejos y sonreírles con desagrado; el amor por los animales se había quedado en la panza de su madre, junto con unos cuantos controladores de volumen de voz. El aroma a vainilla de Lali invadía el vehículo, lo que hacía aún más agradable el viaje. En el camino vió a un hombre labrar la tierra para luego esparcir las semillas en terreno fértil, le pareció una excelente metáfora para describir los cambios necesarios que requiere una persona para estar en plenitud y así obtener buenos frutos de su trabajo. “Si no sos labrada y preparada para las siguientes etapas de la vida, difícilmente tus frutos serán gratificantes” comentó su voz interna, mientras ella asentía pensativa.


   Era bastante raro ver a una chica morocha de ojos profundos, sonriendo y asintiendo mientras observaba a los campesinos labrar la tierra, al menos eso pensó el -también- morocho de ojos verdes soñadores que pasó por su lado en un mini Cooper azul eléctrico. Cuando posó su mirada en aquellos ojos oscuros llenos de ideas locas, también se contagió con la sonrisa de tres metros de ancho. Ella tenía ese ángel que daba alivio al afligido y consuelo al desvalido. El chico pidió a su padre que disminuyera un poco la velocidad, con la excusa de que era peligroso ir a 120 km/hr; el hombre mayor lo miró extrañado, sabía de la gran afición de Pablo por las motocicletas y la velocidad, por lo mismo fue bastante contradictorio escuchar esas palabras de su boca. A su madre en cambio le agradó de sobremanera esa advertencia, era un constante temor verlo sobre una motocicleta a tanta velocidad y que ahora pensara diferente la aliviaba bastante. Pero ninguno de los dos se percató del verdadero motivo por el que Poli –como lo llamaban sus amigos- quería disminuir la velocidad, el cual tenía nombre y apellido y una gran sonrisa que lo atrapó a primera vista.
    Estaba inspiradísima mirando las vacas, ovejas, arboledas, campesinos y más que aparecían en su visual; de cada uno sacaba alguna enseñanza ¿era eso posible? ¿Era acaso entendible por alguien mirar una vaca y darse cuenta que tener los contrastes ideales en tu cuerpo te entregaba los matices necesarios para caminar en paz? ¿Alguien en sus cinco sentidos lograba pensar todas esas cosas con solo mirar un objeto, animal o situación? Pues sí, era posible… era posible en su cabeza volada. “A veces creo que tu mamá se drogaba cuando te tenía en la panza” solía molestarla Eugenia, cuando la morochita saltaba con alguna loca reflexión “puede ser” era la respuesta más recurrente. Inspirada en el paisaje suspiró feliz, daba gracias al mundo por permitirle estar tan conectada con todo; sonriendo repentinamente su mirada chocó con otra. El verde -similar a las arboledas que venía observando- la envolvió, quizá era un toque más clarito, pero le dio la misma sensación de inmensidad. Era el par de ojos más hermosos que alguna vez miró, nunca sintió una conexión así al envolver su mirada con otra persona, pero nunca era una palabra demasiado grande y el mundo demasiado pequeño como para no permitírselo. Por lo mismo la posibilidad de tener a un príncipe de cuentos de hadas frente a ella quizá no era tan remota, después de todo.

   La miró y el mundo se detuvo, no supo cómo, cuando, ni donde la había conocido; ni siquiera recordó su nombre en ese momento, simplemente con mirarla fue como crear un mundo paralelo. Ambos estaban medio paralizados en el asiento trasero de los automóviles, él con una sonrisa de payaso imborrable, ella con esa expresión de desconcierto tan hermosa; envueltos en un aura diferente, en un aroma diferente, en una historia diferente. El morochito bajó la mirada desconcertado, nunca nadie lo había intimidado con así antes, pero la profunda mirada de ella lo avergonzaba. “Escribile algo aquí” Octavio, su pequeño hermano le alcanzó el cuaderno de dibujos y un crayón rosado, el pequeño vió todo desde su lugar en el auto y quizo ayudar a la poca creatividad de su hermano. “¿Qué le escribo?” susurró para no llamar la atención de sus viejos “Lo linda que es” levantó sus hombros considerándolo más que obvio: “Siempre sos tan lento” agregó riendo. 
   
    Pero más que lento, Pablo era tímido y bastante poco romántico –de hecho, nunca antes se había sentido así- sin embargo pensó en algo, era una idea tonta. Quizá ella se daría media vuelta y pediría a sus amigas que avanzaran más rápido para alejarse de él, pero estaba dispuesto a arriesgarse. Con el auto en movimiento y poco pulso intentó dibujar una clara sonrisa gigante, ocupó toda la hoja blanca. Abajito la firmó con la frase que ella llevaba estampada en su remera “Eternal Smile” y levantó la hoja a la vista de la morochita. La colocó en su cara, simulando que era su sonrisa y la señaló, ella negó confundida con la cabeza envolviéndolo en una tremenda decepción. “Sí, fue un pésima idea” repitió mientras arrugaba la hoja y le devolvía el block a Octavio.

   Ahí estaba el príncipe que siempre soñó, pero que nunca creyó existiera. No tenía corcel, ni espada; no llevaba traje, ni una corona. Pero era él, se lo dijo su mirada verde con pequeñas manchitas café, que transmitía esa mezcla perfecta de timidez y locura. Estaba encantada con la visión que la envolvía, tanto que su respectivas reflexiones la atacaron nuevamente “La perfección solo es un complemento equilibrado de defectos y virtudes, como el verde al café se complementan creando la perfección en mi mundo”. Quizá sus pensamientos jamás saldrían de aquella cabeza delirante, ni serían repetidos y apreciados por otros, pero estaba segura de que eran geniales, al menos para ella, lo eran. 

   Repentinamente, el verde y el café se despegaron de su café oscuro haciéndola temblar, fue como perder el aire de los pulmones o borrarle la sonrisa a un niño. Frunció el ceño adolorida ¿acaso su mirada no era lo suficientemente atrapante y hermosa como para seguir apreciándola?. El príncipe de sus sueños le dio la espalda y conversó con su fiel vasallo, eran la versión moderna de “Don Quijote y Sancho panza”; le entregó algo que no diviso “quizá es su corona” deliró al imaginarlo con una hermosa diadema decorando su cabeza perfecta. El chico se concentró en sus rodillas o en algo que ahí tenía y mientras lo hacia la decepción de la morocha estalló como volcán en llamas “mi mirada no es tan atrapante” confirmó entristecida “simplemente estoy acosando a un hermoso chico en la carretera” trató de no sonar tan estúpida al susurrarlo. Pero por esas lindas ideas que cruzan la mente de personas especiales, el ojiverde levantó volvió a mirarla y sonrió, luego sacó una hoja de papel y la puso bajo su nariz. En ella estaba dibujada una temblorosa PERO divina sonrisa y firmaba la gran frase de Lali “Eternal Smile”, su alma tocó el suelo y el cielo en menos de un segundo ¿existían los príncipes azules? Sí, acababa de encontrar a uno en un auto contiguo en la carretera. Negó tratando de aclarar su cabeza e intentar no pensar que estaba soñando, lo hizo enérgicamente –casi hasta marearse- para de verdad quedar clara que no era un delirio más. Luego volvió a mirarlo y aunque la sonrisa de papel seguía ahí, los hermosos ojos del chico estaban tristes. No sabía el motivo, ni la razón de ese cambio, pero no le gustaba; por lo mismo tomó su libreta de notas y dibujo otra gran sonrisa, firmada con un tímido “Hola”.

   Y ser poco romántico era un tema que nunca le importó, a él lo guiaban la música y el básquet; mientras en eso fuese bueno, todo lo demás valía mierda. Pero ahora que esa morocha de ojos oscuros lo mantenía casi pegado al vidrio del auto, le dolía nunca haber intentado ser más creativo en ese aspecto. “Quizá un corazón habría sido mejor” trató de barajar alguna alternativa más efectiva “o un peluche ¡pero no se dibujar peluches! ¿Quién sabe dibujar peluches? ¡¿Quién mierda se pone a dibujarle a una chica de otro auto en la carretera?!” alzó las cejas con ganas de golpearse la cabeza con la palma de su mano. Era bastante idiota o más bien inocente si creía en juegos de niños, ya era mayor de edad y la situación en la que estaba era del todo irrisoria. Un codazo en sus costillas lo sacó del auto-análisis sentimental, miró a Octavio con ganas de tirarle el pelo con fuerza, aunque al verlo señalar hacia el exterior no dudó en seguir su dedo. Y ahí estaba, la chica hermosa con otra sonrisa de papel tras el vidrio y un tiernísimo “Hola” como firma. Ahogó un gritito en la garganta y buscó rápidamente la libreta y el crayón rosa, “Soy Pablo” escribió en grande sobre el block de su hermanito. Lo alzó y pegó al vidrio con un poco de torpeza, ella sonrió y escribió algo en el suyo.

   Lali esperaba ansiosa que su príncipe la mirara, mientras observaba a sus amigas de soslayo; Cande seguía escuchando música con los auriculares, mientras manejaba. Euge por su lado no paraba de discutir con Nico sobre la tipa y el tipo y las tipas y los tipos y no sé que de los cuernos y las cagadas y la mierda, en definitiva peleaban por celos mutuos, como casi siempre “es el problema de ser una pareja tan hermosa” había justificado una vez Nicolás, haciéndola reír largamente. En eso notó que el morocho la miraba nuevamente y sus ojos se iluminaron con rapidez, volvió a sonreír y escribió algo en su cuaderno. “Hola, soy Pablo” garabateó con letra cursiva y un tanto desordenada. Ella buscó el lápiz y la libreta nuevamente para escribir “Soy Mariana, un gusto chico del mini Cooper azul eléctrico”, imitando su accionar pegó el papel al vidrio para que *Pablo* pudiera ver mejor el mensaje. Rió con un encanto que la estremeció y volvió a escribir algo “El gusto es mío, chica del Jeep verde limón” e hizo un gesto con la cabeza como presentándose. Sentía su cara entumecida de tanto sonreír y eso que hacerlo era una hermosa costumbre que siempre la acompañaba, pero ahora con los nervios y la fuerza que usaba estaba casi dañando sus mejillas. “¿Cuántos años tenes?” Consultó con otra hoja como base.

   Al ver la hoja de presentación de la morochita su corazón se detuvo, por una milésima de segundos estuvo muerto, pero al encontrarse nuevamente con su sonrisa revivió “Mariana, el nombre perfecto para alguien tan hermosa. Mar, como la más inmensa creación de Dios. Mar, sonrisa sublime… rayo de luz en mi camino. Mariana, Mariana, perfecta Mariana”. Ella era única, así de simple, sin siquiera oír su voz lo sabía. Nunca antes la había visto, no la había besado, ni siquiera un estrechón de manos, pero él sabía y sentía que era la ideal. Le preguntó su edad y con torpeza hizo un gran “18” acompañado por una carita sonriente. Lali asintió alzando una ceja como diciendo “Mira vos...” pero no escribió nada más, él se extraño, no sabía qué hacer; hasta que el pequeño Octavio golpeó su costilla de nuevo “¡preguntale algo, nabo!” lo miró con nuevas ganas de atrapar el pelo claro entre sus manos y zamarrearlo, siempre tenía que ser TAN pesado. “Vos mirá aventuras en pañales ahí mejor” le señaló el DVD portátil que llevaba en sus piernas. El chico chisto la lengua molesto y le dio la espalda. 
   
   Rápidamente sacó otra hoja y le preguntó su edad, ella también tenía 18 años. Además gustaba que le dijeran Lali; iba viajando a Punta del Este con sus dos mejores amigas, Lali y Euge, amaba la literatura y gustaba de dibujar. Estaba soltera y le gustaba mirar el paisaje mientras soñaba despierta. Todo lo supo en menos de cinco minutos vía papeles en vidrio –quizá esa debería ser una nueva red social-. Ya sus pies estaban tapados por hojas arrugadas de mensajes que le había enviado. “Quizá le podría pedir el cel” pensó después de notar la cantidad de papeles, pero lo borró con rapidez de su cabeza; si la llamaba todos en su auto y en el de ella lo notarían y molestarían, además perderían la magia de su historia.

   Su nombre era Pablo, pero gustaba que lo llamaran “Poli”, quien iba a su lado era Octavio su hermano menor y adelante sus padres. Todos se dirigían a Pinamar para pasar dos semanas de vacaciones en familia. Tenía 18 años y amaba tocar la guitarra y jugar al básquet, además de andar en motocicleta. Ni si quiera en una conversación cara a cara hubiesen alcanzado esa fluidez casi mágica que tenían a través de los papelitos, en menos de cinco minutos sabía más de él que de muchos de sus compañeros de colegio. Amaba verlo sonreír con sus respuestas, o concentrado escribiendo, era encantador con esa carita de ansiedad mientras sujetada su hoja en el vidrio. Definitivamente esos cinco minutos eran como mil años en el mundo real, valían oro incrustado con diamantes. Conocer a una persona que te complemente tanto en un viaje como cualquiera, en un auto como cualquiera; era un verdadero bonus track y ella lo estaba disfrutando al máximo.     

   De repente un mensaje congeló toda su sangre, desde la cabeza a los pies: “¿Crees en el amor a primera vista?” fue la frase que pegó Poli al vidrio, mirándola más extasiado que nunca. Ella estaba estática, sorprendida y emocionada ¿acaso lo preguntaba por algo en especial? ¿Por alguna chica morocha de ojos café oscuro sobre un jeep verde limón? cruzaba sus dedos porque así fuera. No alcanzó ni siquiera a pensar en otro mensaje, cuando el morochito cambio la hoja: “Yo sí, creo en él desde hace diez minutos”. Wuouu, las ganas de gritar que la envolvieron casi le llenaron el pecho, tuvo que contener las lágrimas por la emoción de su segundo mensaje, no sabía que responderle. Quizá hubiese sido más fácil tenerlo enfrente y lanzarse en sus brazos o besarlo apasionadamente, porque en casos así de especiales las palabras sobraban. Sin embargo, su situación era distinta, especial; y debía responder de la misma forma. Con la mano temblorosa escribió “No creía en ningún tipo de amor, pero en diez minutos muchas cosas han cambiado...” y pegó otra hoja al lado “gracias a vos”. Lo mando al hueso, sin rodeos, ni vueltas; ya tenía suficiente con Euge y sus problemas de histeriqueo con Nico. Una de sus peleas más fuertes fue por ese constante ir y venir que mantenían y la situación fue tan desagradable, que Lali se prometió a sí misma jamás ser vueltera.

   Ella tenía los ojos aguados- al igual que él- se miraban fijamente con los mensajes pegados al vidrio. Pablo cerró los suyos con fuerza e inhalo profundo, estaba un poco mareado, realmente la situación era bastante vertiginosa. Si nunca en su vida había sido romántico, hoy lo sería por ella. Votó el aire contenido sobre la ventana -empañando el vidrio- bajó las hojas y con dificultad dibujó un corazón. Ella lloró con una sonrisa hermosa, algo que se asimilaba a la lluvia con sol. Cálido y refrescante a la vez, equilibrado para suplir cualquier necesidad del alma. Así se sentía verla llorar y sonreír al mismo tiempo, era como estar en el clímax de toda aquella situación llena de ternura y magia. Rápidamente se limpio la cara y buscó algo en el asiento, mientras hacía pucheros de emoción. No sabía qué era lo que estaba sintiendo, pero era lo más cercano a amor que había experimentado antes. En la ventana del Jeep verde apareció un nuevo mensaje “Me gustaría besarte” no supo cómo reaccionar. Quería decirle a su papá que se aparcara, pero Lali avanzaría unos cuantos kilómetros antes de hacer detener el Jeep o quizá no lo haría por miedo y se alejarían sobre esas ruedas en la carretera. Tal vez debía bajar la ventana y gritarle que estaba enamorado de ella, que su sonrisa había iluminado aquella inútil existencia, que aun teniéndola a metros de distancia y separada por dos autos, podía sentir su aura llena de pureza y que la necesitaba desde hoy… para siempre. Pero solo atinó a tomar un nuevo papel y dibujo un corazón con las letras “P y L” y abajo firmaba “... yo también muero por besarte”.

  Pablo, el príncipe encantado que siempre soñó estaba diciéndole que la quería besar, dibujando corazones con sus iniciales y empañando vidrios por ella. Estaba llorando por su causa y riendo con un toque de desesperación al leer sus mensajes en el vidrio de la ventana, si esto no era amor ¿entonces que era? ¿Era una perfecta historia inventada? No lo sabía, ya no recordaba si estaba escribiendo, durmiendo o viviendo en la realidad, solo sabía que por él daría la vida, que lo necesitaba y que anhelaba poder rodear su cuello con un fuerte abrazo interminable. Con nerviosismo y los ojos empañados por las lágrimas garabateo su celular en una hoja y se la mostró. Él en un impulso excitante bajó su ventana y le gritó algo que quedó grabado a fuego en su corazón: “Vos sos mi amor Lali, mi amor a primera vista”. Escucharlo pronunciar su nombre con aquella voz tan hermosa y ver su carita emocionada, acompañada por esa sonrisa que se estaba volviendo una adicción para ella, fue demasiado. Sin perder tiempo bajó su ventana también. No midieron consecuencias, daños o riesgos, estaban tan íntimamente conectados en ese mundo paralelo donde solo existían ellos y su gran amor. “Yo también te amo, Poli” rió con ganas al tiempo que estiraba su mano intentando alcanzarlo, estar cerca de él y su voz de ángel era un sueño del que no quería despertar, no le importaba haber vivido en soledad todos esos años, viendo como todos a su alrededor formaban su vida junto a otro. Ella había esperado al indicado y él había llegado con bombos y platillos, moviendo todo su mundo, poniéndolo de cabeza y haciéndola confiar en su nueva historia. De repente las voces de sus amigas resonaron en su cabeza, se oían desesperadas mientras la tiraban de sus ropas.

   Cuando le envió su celular, entro en shock,. Ella realmente estaba sintiendo lo mismo que él y se estaba arriesgando por ese amor tan único. La emoción fue tal que por un loco impulso abrió la ventana y asomó la mitad de su cuerpo. El clima afuera era mucho más frío de lo imaginado, de hecho estaba a punto de llover, pero eso no fue relevante para la situación que ambos estaban protagonizando. La situación de amor y locura más grande del mundo. “Vos sos mi amor Lali, mi amor a primera vista” gritó a todo pulmón, sonriendo a lo grande. Ella parecía confundida y sorprendida, y rápidamente repitió el accionar, “Yo también te amo, Poli” alcanzó a gritar, mientras estiraba su delicado brazo hacia él con intensiones de tocarse. 
   Todo era una locura entre ellos, no tenían límites. Se conocían hace un rato, se miraban y creaban un mundo distinto, se enamoraron a primera vista y se conocieron a través de papeles pegados en los vidrios de un auto ¿algo en esta historia era común? ¡Nada! Como tampoco lo eran ellos, quienes siempre se sintieron ajenos al resto del mundo y sus ideales.

-¡¡Pablo!!- la voz de su padre lo sobresaltó, casi perdiendo el equilibrio- ¡¡entrate ya!!- exigió entre asustado y enojado.
-Hijo, métete - su madre tiraba la campera con fuerzas, mientras Octavio lloraba asustado-¡hijooo!- gritó asustada tirándolo con más fuerza.

   En una mala maniobra resbaló, cayendo sobre el hombro de su esposo y haciéndolo perder el control del vehículo. De un golpe Pablo cayó sobre Octavio- dentro del auto- chocando su cabeza contra el vidrio. El auto se volvió loco y desbarrancó por la orilla de la carretera, estrellándose en un pequeño riachuelo junto al camino. Llovía con fuerza, como si Dios llorará por aquel desenlace. La velocidad que llevaban, más la altura de la caída y la fuerza del impacto prácticamente destruyeron el Mini Cooper azul. Los gritos de la morocha resonaban como gemidos de condenados a muerte, estaba desesperada dentro del auto. Cande aparcó al costado de la carretera y Lali bajó corriendo. “No puede ser ¡no puede ser!” se repetía una y otra vez, mientras bajaba resbalando por la cuesta de dos o tres metros hacia Pablo. Mientras, Euge llamaba a la ambulancia y Candela iba tras ella. “Pablo, Pablo ¡mi amor!” llegó corriendo a su lado, con esa angustia de estar perdiendo lo mas importante en la vida envolviéndola dolorosamente. El auto estaba destrozado, no sabía por dónde entrar para sacar a la gente que estaba dentro, no divisaba a Poli, ni a nadie. Había sangre, humo y chatarra esparcida por el lugar, de repente Cande gritó que fuera por su lado, entre las dos sacaron a Octavio y la castaña le prestó los primeros auxilios, mientras ella ingresaba gateando al automóvil volteado.

   Y ahí estaba, con una pierna destruida casi por completo, el brazo ensangrentado, igual que la cabeza. Fue la imagen más horrible que vio en su vida. Aún tenía las ventanitas del alma, verdes con manchitas cafés, muy abiertas, como hacía solo minutos atrás cuando sus ojos chocaron en la carretera, enamorándolos a primera vista. No podía soportarlo, estaba inconsciente y respirando casi imperceptiblemente. No tenía fuerzas para sacarlo y sentía que moriría asfixiada. No era el humo el que la estaba ahogando, sino la desesperación de sentir que sus almas se alejaban más y más.




-Lali ¡Ey La!- los gritos de sus amigas se mezclaban con la desesperación que sentía-¿Y si está inconsciente?- esa era la voz de Cande, ella quería gritarle “si está inconsciente, se está muriendo. ¡Ayudame a sacarlo Can!”- trae el alcohol, con eso despertará…- “no alcohol no ¡ayudame a sacarlo!” gritó, sin saber a quién.

-No está inconsciente, solo está teniendo una pesadilla demasiado profunda. ¡Mariana Espósito!- la zamarreó con tanta fuerza, que su cabeza se golpeó contra el asiento “¿una pesadilla demasiado profunda?” definitivamente no entendía nada. Repentinamente, Pablo comenzó a esfumarse de sus brazos y aunque intento retenerlo, ante ella aparecieron dos borrosos rostros.


Tenía los ojos hinchados por el llanto y estaba completamente agitada. Se sentía mareada y con una angustia de aquellas, eran dos cosas que nunca había experimentado a ese grado antes.

-¿Estás bien amiga? Nos asustaste mucho- Euge la abrazó con fuerzas.
-¿Qué pasó, La?- Cande también temblando- Nunca te vi así, estabas escribiendo y luego te quedaste dormida,- estaba llorando- después de un par de horas comenzaste a agitarte y moverte, me asusté y nos estacionamos acá….
-Y luego comenzaste a gritar-
concluyó el relato Euge- ¿Qué soñabas, amiga?- Mariana las miraba como pérdida, se sentía vacía. Después de haberlo tenido todo, ahora solo le quedaba ese vacío tremendo. 

Quería volver a Pablo, lo necesitaba.

-Soñé… - su voz se cortó ¿Qué le contaría a sus amigas? ¿Acaso les diría “me he enamorado en sueños”? ni siquiera tenía fuerzas para hablar, solo seguía perdida- que mis papás me iban a buscar a Punta y me traían a la fuerza...- ambas la miraron extrañada- porque se enteraban que estaba saliendo con un chico que no les gustaba.- mintió con descaro, doblando su cabeza para mirar por la ventana, con la esperanza de que un mini Cooper azul pasara por su lado y por la ventana se asomara Pablo con esa hermosa sonrisa dibujada en un papel.

-Tranquila chiquita, sabes que la etapa donde tus sueños se cumplían ya paso.- ambas la abrazaron- Hace mucho tiempo no pasa nada…
-Sí hermosa, ahora tendremos las mejores vacaciones, con los mejores hombres y encontrarás el tuyo
- ella nuevamente comenzó a llorar silenciosa.
-Tengo miedo chicas… miedo a que lo que soñé se cumpla…- quizá eso no estaba tan superado como todos decían. Aun recordaba el sueño a los diez años donde su abuela moría atropellada y luego vivirlo en la realidad fue un golpe horrible en su vida. Quería con toda su alma conocer a Pablo y que fuese una hermosa realidad, pero no soportaría perderlo como lo había soñado.
-Iré por una gaseosa y algo de chocolate para que te calmes ¿dale?- ella asintió sin siquiera procesar la información- Nico te mando saludos- comentó Euge antes de marcharse.
-¿Pucker la llamó?- susurro perdiendo el aliento.
-Sí, después de una gran discusión se reconciliaron- ¡no podía ser! ¿Entonces el sueño se estaba cumpliendo? Se estremeció completamente.-Yo voy al ñoba, porque hace mil que quiero entrar ¿vas conmigo o te quedas acá?- aunque no quería dejarla sola, tampoco podía obligarla, menos en ese estado en el que nunca antes la vió.
-Me quedo, necesito descansar- susurró sin mirarla.
-Ok, pero no te muevas de acá eh.- la amenazó con dulzura- Te adoro, changuita- y regalando un tierno beso, se bajó.

   No sabía qué hacer, aun estaba mareada y con ganas de vomitar. Se sentía débil y un tanto enferma ¡tenía tanto miedo! ¿Qué haría ahora? Quizá si les pedía a las chicas que se devolvieran a Buenos Aires no conocerían a Pablo y, por esos milagros que a veces ocurren, Dios no le quitaría la vida. Cerró los ojos con fuerza, levantando las piernas hasta su pecho, envolviéndolas con sus brazos y haciendo un ovillo con su cuerpo. Necesitaba tranquilizarse y vencer esa angustia de mierda que la hacía sentirse depresiva. 
   Inhaló y exhaló con lentitud reiteradas veces, esperando regular el funcionamiento de los músculos y su ritmo cardíaco.  Cuando ya estuvo más tranquila, hizo sonar todos los huesos de sus dedos con nerviosismo y se repitió internamente: “vos podés”. Si tenía una vida en sus manos necesitaba pensar con cautela lo que haría, más si esa vida era TAN importante. 
   No le interesaba no poder conocerlo jamás si con eso lo mantenía a salvo, por tanto, debía ser más fuerte que nunca y correr lejos de su inminente destino juntos. Miró a su alrededor y casi se desmaya al ver el mini Cooper azul eléctrico estacionado a su lado en la gasolinera. Sintió como si le arrancaran el alma de golpe y la obligaran a caminar sin ella, no sabía si Pablo andaba en ese auto o si solo mezcló varias cosas en el sueño ¡no tenía nada claro por la mierda! Revolvió su pelo con desesperación y nuevamente barrió su entorno con la mirada en busca del morochito hermoso… pero no estaba.

   Tomando fuerzas de flaquezas se bajó del Jeep y trastabillando comenzó a rodeándolo; tenía miedo a soltarse de él y caer al piso. Le temblaban las piernas y nuevamente estaba llorando, el lugar estaba casi vacío, la poca gente que quizá había estaba en el interior de la cafetería en busca de alimento y calor. Prontamente llovería, de hecho ya caían algunas leves gotas sobre su cara. “¡No, que no llueva!” rogó internamente, ese era otro de los factores que recordaba de la escena del accidente.
   
   La carretera estaba tranquila a su lado, acompañada por un estrecho riachuelo “¿Es el riachuelo? ¡Hay Dios! No por favor...” definitivamente todo a su alrededor estaba hablando, casi gritando, lo que había vivido en su sueño. No podía ser verdad, nuevamente cerró los ojos con fuerza y apretó los puños sobre la cabeza. Quería gritar, pero en vez de hacerlo lloró con más ganas ¿donde mierda estaban Eugenia y Candela? Debían volver a Buenos Aires cuanto antes y si era posible por otro camino. No quería darle ninguna posibilidad al destino de guiarla a Pablo pero. de repente, algo ocurrió.

-¿Estás bien?

¡Esa voz! Esa voz la conocía, era él, era Pablo. Su Pablo. El principito sin corona, pero con la sonrisa más hermosa del mundo

-¡Hey! ¿Estás bien?- la alcanzó a abrazar antes de que cayera al suelo.
-Pablo…- susurró mirándolo de cerca.
-¿Cómo… como sabes quién soy?- el morochito parecía sumamente confundido ante aquella chica tan linda. Tenía unos ojos hermosos y parecía tan indefensa que no dudo en presionarla contra su pecho para protegerla de la lluvia.
-Aléjate de mí... por favor- rogó empujándolo con suavidad. Estaba llorando descontroladamente.
-Si te suelto te caes, además no me respondiste ¿cómo sabes mi nombre?-ella lo miró con dolor, al fin lo estaba tocando y sentía su exquisito aroma, dos cosas que el sueño nunca le permitió, quizá no todo debía ser nefasto. O quizá no recordaba esas cosas.
-Yo te conozco… o al menos creo conocerte- respondió llorando con más fuerzas. Aunque al chico le pareciera estúpido, lo dijo igualmente. Ya nada tenía la suficiente importancia como para no decir la verdad, necesitaba salvarlo y aunque fuese rogarle que se alejara de ella cuanto antes.

-Yo también…

   Lali se quedó sin habla, no sabía que responder, ni que decir. Estaba silente y temblando más que nunca, su principito también la conocía y no sabía cómo. La situación era realmente confusa ¿cómo era que Pablo había llegado a su lado? ¿Y cómo es que la conocía? ¿Acaso él también había soñado con ella? No entendía nada, solo lo miraba fijamente y el verde con café de sus ojos nuevamente le robó una sonrisa. No sabía que mierda pasaba en su vida, ni si aun estaba soñando; no recordaba haberlo visto antes más que en ese raro sueño… pero lo amaba, eso era claro, y ¡quería besarlo! Aquella era la única idea que quedaba en su cabeza.

-Acabo de soñar con vos- confesó sonriendo y llorando.
-Amo cuando sonríes mientras lloras...- la besó en la frente, aspirando su entrañable olor a vainilla- Jamás cambiarás la vainilla…- Lali no entendía nada. Pablo le hablaba como si la conociese de toda la vida. Pero amaba tenerlo tan cerca y el roce de los labios con su frente la mantenía estática- Sé que no entendés nada, pero no hay noche que no sueñe con vos y con este reencuentro… te he extrañado tanto…

Bien, si lo que pretendía era aclarar algo, definitivamente no lo estaba logrando ¿Cómo era que sabía cuál era su olor? ¿Amaba verla llorar y sonreír? ¿Acaso ya la había hecho? ¿Soñaba todas las noches con ella? ¡¡Dios, necesitaba respuestas a tanta pregunta!!

-No entiendo nada…

-¡¡Soltala!!-
la voz de Euge interrumpió fuerte, al igual que un estallido de vidrios a su espalda. Una botella se había quebrado al caer de sus manos- ¡¡Soltala Pablo!!- ¡Oh Dios! ¿Por qué Eugenia conocía a Pablo y le pedía que la soltara? ¿Qué mierda estaba ocurriendo a su alrededor? El morocho la soltó con cuidado, haciéndola sujetarse al Jeep.

-¿Qué pasa, Eu?- Cande llegó corriendo a su lado, mientras Lali giraba con lentitud a mirarlas. Estaba tan confundida que sentía que moriría en ese preciso instante. La rubia señalo a Pablo, al verlo la castaña se cubrió la boca casi cayendo al suelo de la impresión.
-Pablo…- Lali pudo leer el nombre del morocho en labios de su amiga- La, vení-corrió a sujetarla entre sus brazos.
-Can ¿Qué pasa?- preguntó débil, sus ojos se estaban cerrando.

-¡¡Te dijimos que te alejaras de ella!! Si su mente te borró no debiste volver ¡le haces mal!- los gritos de Euge la estremecieron. Podía sentir con claridad los latidos acelerados del corazón de Cande y sus cálidas lágrimas le estaban mojando la cabeza.
-Ella me llamo Pablo, me recordó… soñó conmigo Euge- sonaba débil, casi igual que Lali-Sabes que jamás le haría daño…
-¡Se lo hiciste!-
habló con fuerza con los dientes apretados- ¡Y deja de mentir!
-Fue un accidente, lo juró-
estaba llorando, lo notó aun sin mirarlo a la cara. Ella seguía refugiada en el cuello de su amiga- ...Yo la amo.
-Euge-
la voz de Cande interrumpió la discusión- quizá tiene razón…
-No Cande, dejá de defenderlo. Puede ser muy tu primo, pero le cago la vida a Lali-
lentamente alzó la cabeza y respirando profundo habló.
-Necesito… necesito…- cuán difícil le era hablar- la verdad…- Cande y Pablo asintieron, mientras Euge la miraba con dolor.
-Ok, sentala en el coche,- le pidió a Candela- vos vení.- se notaba que odiaba al chico- Nico y Emi nos matarán por esto. La, come esto.- la rubia le tendió una barra de chocolate, pero ella se negó- Necesitas un poco de energía, come por favor…- solo para que le aclararan las cosas abrió la boca y mascó el chocolate.
-La verdad- susurró.
-¿Cuál de todas?- preguntó Cande- está la de Pablo, la mía y la de Euge…
-Todas-
pidió mirándolas con dolor. Después de tanto, existía un secreto que le ocultaban y quizá jamás lo revelarían, de no ser por el sueño.

-La…-Euge se arrodillo a su lado y le tomó las manos- hace un año vos tuviste un accidente.- Nuevamente un mareo terrible la invadió, haciéndola temblar ¿un accidente? ¿Por qué no lo recordaba?- No lo recordas porque muchas cosas se borraron de tu cabeza…- ¿pérdida de memoria? Todo a su alrededor parecía ser un video ralentizado. Una estúpida pesadilla- ...vos conocías a Pablo antes del accidente.- esa confesión la hizo estremecer. Sin siquiera permitirle mirarlo.

-Yo... soñé con él recién- la interrumpió, sorprendiéndola- soñé con un accidente en la carretera… él tenía un accidente al salirse por la ventana, caía en ese riachuelo… por eso desperté tan mal.- lloró amargamente mientras contaba lo ocurrido- Siento que... siento que lo amo- culminó su relato mirando a los demás. Los tres lloraban con el mismo miedo, aunque Pablo sonreía levemente con la mano en la cabeza.

-Dejame a mi Eushi- Cande se arrodillo frente a Lali y le beso las manos con pena- Amiga… perdoname- le partía el alma verla así, pero necesitaba respuestas más que lágrimas- Hace un año nuestra vida era totalmente diferente. Yo estaba con Agus, Euge con Nico y vos… con Pablo- ¿Con Pablo? ¿Ella era la novia de Pablo hace un año? ¡Dios! ¿Cómo se permitió olvidar a su amor?- Ese verano decidimos ir de vacaciones los seis. Como era la costumbre viajamos todas en mi antiguo Volvo y ellos en el eterno mini Cooper de Pablo… pero manejo Agus, porque quería demostrarme que llegaría antes.- giró la cabeza conteniendo las lágrimas y buscando fuerzas- Ustedes llevaban casi un año juntos, se habían conocido por mí… Pablo es mi primo y mejor amigo de Nico, por eso Euge lo conoció. Imaginate lo que eran nuestras salidas juntos, éramos puro fuego.- comentó con nostalgia, mientras la rubia seguía llorando- Ese era nuestro primer verano juntos, íbamos de lo mejor, cuando vos y Pablo comenzaron con un jueguito de papeles… siempre fueron los más tiernos- ¿Juego de papeles? Lo mismo que en su sueño... ¿cuanto de ese sueño era realidad y cuanto invento?- y pues, en un momento bajaron las ventanas e intentaron tocarse, aun cuando afuera llovía y veníamos bastante fuerte…- la morocha pareció estar teniendo un Deja Vu, nuevamente veía a Pablo frente a ella, sonriéndole con la mano estirada, pero a diferencia de su sueño, en el vehículo Nico lo tiraba de la campera y Agus manejada. No estaban ni sus padres, ni Octavio. En su mente todo se había mezclado, realidad y delirio-Perdimos el control de ambos vehículos y vos saliste expulsada… sacaste la peor parte. Estuviste diez días en coma...- no lo podía creer, nada de eso era real. Anhelaba con todo su corazón que las chicas la volvieran a despertar diciéndole que ya estaban en Punta y que todo había sido una terrible pesadilla… pero en el fondo sabía que eso no ocurriría, se estaba pellizcando en interior de su mano y le dolía- Cuando despertaste, no recordabas nada de ese día… ni a Pablo. No sabemos cómo, ni porque, pero tu mente lo borró… lo bloqueó…

-No… no… no puede ser- la empujó y salió corriendo del vehículo.
-Dejenla, necesita tiempo- pidió Cande, viéndola correr por los pastizales lejos de la carretera.
-No podemos dejarla sola- opinó Euge- voy a buscarla…
-¡No! Si alguien debe hablar con ella, soy yo-
interrumpió Pablo, corriendo tras su amada.
-Dejalos Euge… ellos merecen un tiempo a solas- ambas se abrazaron llorando-nunca debimos alejarlo de su vida.
-Creo que tenés razón, debimos mantenerlos juntos… quizá lo hubiese recordado antes y de otra forma- la castaña asintió con dolor.
-Llamemos a Emi y a Nico…- claramente la pelea con su novio había sido por ese motivo, el rubio tampoco quería que ellas viajaran sola. Los recuerdos seguían atormentándolo, como a todos.

  Corrió, con la lluvia golpeando su pálido rostro y empapándola más y más mientras avanzaba. Sus convers negras estaban llenas de barro y los chupines se pegaban mucho más a su cuerpo, al igual que la remera. La frase que tanto amaba, hoy le sonaba más estúpida que nunca “eternal smile” ¡Sonrisa eterna! ¡Claro, sonríe como una estúpida siempre! Aun sintiéndote vacía o fuera de lugar, aun sabiendo que algo falta… aún llorando por lo desconocido. Todos mentían, siempre lo hicieron. 
    Nico, al no aceptar a nadie como novio por miedo a repetir la trágica historia; Emi, al soñar con una nueva oportunidad para su hija, pero con alguien como él- de seguro se llevaban de lo mejor- y sus amigas ¡sus dos mejores amigas! A quienes era capaz de entregarles su vida, confiando en que la cuidarían por siempre… pero todo era una cruel mentira. Ella no tenía un problema de inestabilidad, no era que no pudiese tener alguna relación seria en su vida, ni que fuera un bicho raro… simplemente su vida era una puta mentira sin siquiera saberlo. Tantas noches llorando, preguntándole a Dios el porqué de su situación, comprimiendo las ganas de gritar al ver a Cande con Vico y a Euge con Nico, felices. Ahora notaba la incomodidad de todos al verla con Benja, aunque la respetaban. Recordaba la conversación de Cande preguntándole por su compañero de clases, quizá su amiga había estado pensando en su primo y lo felices que eran todos antes del accidente.

-¡¡Laaa!!- la voz de Pablo interrumpió sus pensamientos- ¡¡La, para!!- venía gritando tras ella. Con sus últimas fuerzas se detuvo y cayó lentamente sobre sus rodillas en el barro- Lali…- sintió como la abrazaba por la espalda, envolviéndola con sus fuertes brazos y transmitiéndole su calor. Ya no tenía fuerzas ni siquiera para intentar soltarse.
-¿Por qué?- susurró mientras lloraba con los ojos apretados fuertemente.
-No sé…- él también llorada y más que eso, gemía sobre su hombro. El dolor era tanto que parecía poder matarlos en un segundo- Nunca lo entendí… no sé… que hicimos mal- hablaba entrecortado.
-¡Me dejaste!- gritó apretando más fuerte el brazo que amarraba su cuello- Me dejaste en esta gran mentira… sola- soltó un ligero alarido, sentía que su alma se desgarraba de dolor.
-¡No! No, mi amor… yo jamás te dejaría- la soltó enfrentándola- Te amo desde el primer momento en que te vi- tomó su delicada cara y la obligó a mirarlo- ¡Te amo con todo lo que soy!
-Entonces… ¿Por qué me dejaste?


-Me obligaron…- negó agachando la cabeza- Después del accidente tu padre dijo que me demandaría, también a Agus que iba manejando y a Cande… pero éramos inimputables y con buenos abogados, además vos los recordabas y pediste verlos- contó con dolor- pero a mí no. Emi me rogó que me fuera y Cande también… no tuve opción La…- Ese maldito verde con café la mantenía atrapada, la calmaba y tele transportaba. Le creía, aunque todo su mundo fuese una mentira, en su mirada veía reflejada la única verdad en la historia… el gran amor que profesaba por ella. Ahí veía la pureza y sinceridad de su alma… se sentía segura, en casa.

   Estuvieron varios minutos así, abrazados bajo la lluvia, en medio de los pastizales y el barro. Mezclando sus lágrimas con el agua que caía del cielo, compartiendo el dolor de la verdad pero también el alivio del reencuentro. 
   Pablo, después de mucho tiempo sentía que nuevamente volvía a respirar, la tenía entre sus brazos y eso era todo lo que anhelaba desde que la perdió. Su corazón no dejaba de latir desbocadamente ante el contacto de sus cuerpos... y de sus almas. Mientras Lali seguía llorando, aunque lo hacía casi por inercia, ya que, el dolor había dado paso a la tranquilidad; ese abrazo acogedor y extremadamente protector la hacía sentir nuevamente en casa, feliz... amada.

-¿Cómo éramos…- preguntó, sorpresivamente- antes del accidente?- él sonrió rememorando.

-Éramos muy muy felices- asintió masticando los mejores recuerdos de su vida- Nos amábamos con locura ¡hacíamos locuras! Disfrutábamos cada segundo como el último y queríamos estar por siempre junto al otro.- ella lloró aun más intentando recordarlo, obligándose a revivir esos momentos- Queríamos tener tres hijos y un perrito, se llamaría “pelusa”, el nombre lo elegiste vos...- ella sonrió, cuando su padre llegó con la nueva mascota, no dudo en llamarla así- Vos querías entrar a la facu a estudiar letras y yo psicología… decíamos que nos cagaríamos de hambre juntos y que le mostraríamos al mundo que el hombre puede sobrevivir solo de amor.- sonrió ante las palabras del morocho, que lindo sonaba todo ese futuro juntos- Decíamos que pediríamos a nuestros padres la casa de Neuquén y estaríamos ahí de allegados hasta que consiguiéramos una propia… nos fascinaba imaginarnos pobres, pero felices- ambos asintieron al pensar que ese sería un lindo futuro. La plata no significaba nada y hoy más que nunca lo tenían claro- Nuestra vida juntos era perfecta, mi amor…

-Lo creo.
- respondió ella acercándose más y pegando su frente con la de Pablo- Te miro a los ojos y sé que tu alma es mía… y siento seguridad. Apagas mis miedos... amor- confesó llorando- Contigo el mundo es más fácil de llevar, el aire pesa menos y… las crudas realidades se aceptan

-Quizá no recuerdes lo que fuimos pero déjame mostrarte lo que podemos ser...

   Lali lo miró intensamente y sonrió, sabiendo lo que venía, añorandolo. Pablo también sonrió, borrando cualquier duda que pudiese haber sobrevivido a tan intenso momento; capturó su nuca con una mano y con la otra acarició su mejilla, lentamente fue acortando los centímetros que los separaban. Rozó sus labios contra los de su amada y se estremeció al recordar lo mágico que era sentirla suya. Ella respondió el movimiento con ternura y, pausadamente, fueron profundizando el accionar. Como una cascada, los recuerdos cayeron sobre su cabeza e inundandola por completo.
 Junto a Pablo Andrés Martínez, el mundo era mejor, los días se disfrutaban al máximo y el futuro no era temible. Con él, cada mañana era una bendición y abrir sus ojos para verlo despeinado y durmiendo como un ángel era un privilegio que agradecería hasta el últimos de sus días.

   Mientras se besaban, la lluvia no dejó de abrazarlos y el barro de mancharlos. La tarde cayó con rapidez y el viento golpeó sus oídos con un leve silbido que parecía un armónico canto. Todos los elementos externos parecían querer interrumpirlos, pero ninguno lo logró. Ya el daño había sido suficiente, ellos habían superados las pruebas del destino y aun teniendo todo en contra, nuevamente estaban juntos. Amándose como nunca… como siempre.


FIN