~ Corto Robsten ~
Cinco largos años habían transcurrido desde aquel último beso. El viento golpeaba su pálido rostro marcado por los golpes de la vida. No entendía porque el destino lo tenía en ese lugar y en aquellas condiciones, solo sabía que al mirar sus manos en ellas veía el paso del tiempo... un tiempo desoladoramente triste.
¿Por qué no había confiado en él?
Lanzaba piedras a aquel lago oscuro intentando que su frustración y dolor se fueran con cada una. El crepúsculo era notorio entre las montañas y fue el momento preciso para que la lluvia de recuerdos cayera sobre su cabeza castaña.
*Flashback*
-¡mínimo cinco metros alcanzo eh!- grito, apuntando el lugar en el lago donde su piedra había caído.
-¿cinco metros? ¡Estás loca! Ahí hay como mucho un metro y medio- rió de las ocurrencias de su ¿novia?
-Nooooo, mi piedra alcanzo como diez metros- reclamaba entre risas.
-¿no eran cinco metros?- pregunto contrariado y divertido.
-Es que soy modesta y no quería pasarte por encima- levanto los hombros encantándolo con ese simple gesto.
-Sos tan linda- no se contuvo y la abrazo tiernamente.
-Vos más…- y sin darle tiempo a reacción, capturó sus labios.
Por lo general era ella quien tomaba la iniciativa, era ella la que hacía, pero él quien decía. Se complementaban porque uno ponía el romanticismo y el otro la pasión.
*Fin del flashback*
No era tan difícil creer el centenar de palabras románticas que salían de su boca por minuto, era cosa de verlo directamente a los ojos y notar lo enamorado que estaba de esa chica. Pero ella nunca fue lo suficientemente confiada como para creer en su mirada.
“Al final el amor siempre duele” repitió por decima vez mientras los últimos rayos de sol se perdían en el horizonte.
*Flashback*
-¿Por qué? Solo eso quiero saber- pregunto con un nudo en la garganta del porte de una casa.
-Porque ya es demasiado- respondió soltando una rebelde lágrima.
-¡Solo es una cena en mi casa!
-¡¡Hay velas!! Tienes una rosa azul en la mano-arrebatió apuntando la delicada flor que llevaba, dandole mayor hermosura a la velada.
-Dijiste que amabas las rosas azules- contesto adolorido.
-Y así es, pero miráte Rob… mirános- dijo mostrándole el departamento- esto se me fue de las manos, yo no sirvo para el amor...
-Kris, miráme- dijo agarrándola del brazo con delicadeza- miráme directamente a los ojos y dime que no has aprendido a amar a mi lado…- la obligo a pegarse a su cuerpo, haciéndola gemir.
-Soltáme- casi rogó.
-Respondéme- pidió agitado.
-Por favor…- y cuando iba a seguir él, por primera vez despues de mucho tiempo, capturo sus labios con toda la pasión que emanaba de sus poros, como vapor a presión.
Era un beso salvaje, de principio no correspondido, claramente ella tenía una lucha interna tremenda. Pero sabía como mover los labios e introducir su lengua para convencerla de que él era su única opción, ni mejor, ni peor... solo la única.
Sin mucha resistencia se entrego a sus brazos, dejo que sus besos la envolvieran y que sus manos la recorrieran. Dejó que su corazón fuera feliz y que su amado “vampiro” disfrutara de aquella droga que generaban juntos… aunque fuera la última vez.
**Fin del Flashback**
La extrañaba como el sol a la luna, pero al igual que ellos… no podían estar juntos. Necesitaba su compañía, sus besos y aquel humor ácido que compartían con orgullo. Añoraba un simple abrazo, sinceramente extrañaba cada centímetro de su piel. Quería oír nuevamente sus gemidos pidiendo más entre las sabanas, quería complacerla. Compartir una eternidad juntos, como tantas veces soñó; pero no podía.
Era terca, obstinada e insegura, había sufrido antes y prometió no volver a hacerlo… ese sin dudas fue el peor condicionante para Rob. No podía luchar contra esa barrera tan grande, jamás vencería aquel estúpido miedo impuesto por su ex novio. ¿Cómo explicar que él sería incapaz de engañarla? ¿Cómo entender que alguien pudiese engañarla?...
Tanto llorar para nada. Permanecía encerrado en su mansión canadiense totalmente aislado, despidió a su representante y ya no hacia cine. Los medios especulaban sobre su retiro a tan temprana edad y le atribuían responsabilidad a cada gato o perro que entraba y salía de sus inmediasiones.
Aunque ya casi habían transcurrido cinco años, su celular seguía sonando a menudo, el correo estallaba en mails cada dos días y algunos paparazis seguían apostados fuera de su casa esperando infructuosamente alguna razon de peso para generar una portada rentable.
Solo pedía un poco de paz, vivir su luto interno en soledad… aquel jovial corazón ingles ya no latía desde su partida, era un muerto en vida. ¿De qué le servía la vida sino la tenía a ella?
-Señor Pattinson, tiene visita- apareció una de las pocas personas de servicio que tenía.
-No estoy para nadie, lo sabes- respondió sin levantarse del suelo, ni despegar la mirada del lago.
-¿Ni siquiera para mí?
Esa voz…esa tierna voz… su voz.
Nunca olvidaría aquel timbre perfecto y acento norteamericano. Al escucharla se estremeció y su cerebro jugó una mala pasada.
-Otra vez escucho tu voz ¡maldita sea!- hablo en voz alta para si mismo, pensando que era otra alucinación.
Jamas recordó que recién su empleada le había comunicado que tenía visitas, tampoco que en la mañana se había duchado y pegó un grito de aquellos al dar por error el agua helada. Menos pensó en el corte que se propicio sin querer al comer su manzana matutina… porque realmente si hubiese tenido presente alguno de esos puntos, jamás habría pasado por su cabeza la opción de que aquella voz era una nueva alucinación.
-Sé que no me querés oír- se escucho afligida a sus espaldas- pero de verdad necesito hablar contigo… por favor Rob, me duele oírte maldecirme…- y lo último fue más una súplica, que otra cosa.
-¿sos vos en serio?- preguntó sin despegar su mirada del horizonte, ya no quedaban rastros del sol.
-Sí…- estaba más cerca y había indicado con gestos a la empleada que se fuera.
-¿No es otro engaño de mi mente?- paso saliva con dificultad y sin poder contenerse, una lágrima rodo por su mejilla.
-No mi amor… soy yo- sintió las manos que mas amaba acariciar su espalda por sobre la ropa, pasar bajo sus brazos y posarse sobre su moldeado pecho, mientras apoyaba la cabeza en su hombro- perdóname… no sabes cuánto me arrepiento no haberte creído… he sufrido demasiado teniéndote lejos… mi vida sin ti no es vida…- beso su cuello lentamente, mientras él cerraba los ojos con fuerza y apretaba los puños.
No tenía claro si era emoción, rabia, dolor, ansiedad, miedo, alegría o pasión, pero lo que lo invadía estaba cortando su respiración, además los besos que caían sobre su cuello no eran de gran ayuda para detener la agitación. Le dolía el pecho con cada caricia, lo estaba quemando ¿acaso no entendía que era su única droga? Lo que tanto espero…y al fin llego.
-¿No… te vas a ir… nunca más?- preguntó con dificultad.
-Si me pides que de la vida por tí, lo hago… ya no puedo luchar contra esto que siento… no me importa si me dañas- quería seguir su discurso, pero fue interrumpida.
-Yo nunca te engañaría- repitió aquella frase tan conocida por ambos.
-Lo sé… y por eso estoy aquí- suspiro afligida.
Solo quería ser acurrucada entre sus brazos como aquellas noches de antaño junto al lago, aspirando su peculiar olor a canela y menta.
-Mi alma esta partida en mil pedazos… y… no sé si aun tengo corazón- hablo lentamente- pero hay algo que nunca pudiste matar en mi…- sintió un liquido caliente en su hombro, estaba llorando- el amor que siento por ti…
Cuando terminó la oración se levantó con cuidado y giro despacio, era de noche pero al mirar sus ojos todo se volvió claridad. Sintió el corazón desbocado, el alma inquieta y las manos sudorosas, podía ver el futuro en sus ojos y sentir el latido de su corazón…notó su arrepentimiento, estaba nerviosa ante su presencia, cosa nunca antes ocurrida, eso le lleno el alma. Lo amaba, casi tanto como él a ella.
Aquella verificacion sentimental a base de miradas compenetrantes, sumado al aroma único de su piel fueron las razones para que desapareciera la distancia entre ambos con solo un paso. Tomó su suave rostro casi con desesperación y capturó sus finos labios que siempre le pertenecieron, dejando que la energía y luz de su amor revivieran después de tanto dolor.
La besó con locura, gimiendo entre lágrimas. La besó con dolor y alivio, con desesperación y ternura… la besó con amor… como si fuera la primera vez.
Dedicado a Sol, Fer, Sof y Eli.
~Simona~