Los viernes en Buenos Aires suelen tener un aroma diferente, al menos el ánimo entre la gente es diferente. Es el último día trabajado y -por ende- el primero para salir de joda a disfrutar de la noche bonaerense. Las chicas se arreglan hasta lo imposible, mientras los chicos hacen la previa empinando botellas de cerveza. Pero ese viernes no era igual de común para un grupo de chicos de la enorme ciudad.
Tres melenas rubias bailaban al compas de la música, con las valijas listas podían darse un tiempito de relajo. Olivia –la fanática por la música en todas sus áreas- llevaba el pelo bajo los hombros y lacio, muy lacio; Eugenia –la canchera y desinhibida- en cambio lo prefería sobre el hombro formando una tierna, pero moderna melenita; Rocío por su parte- la más natural de las hermanitas Attías- lo llevaba largo desde sus diez años, los bucles cubrían casi por completo su angosta espalda. Eran mellizas. Nacidas el mismo día, salidas de la misma panza separada solo por segundos de diferencia, pero sin una pizca de parecido más que el rubio pelo que caía como cascada de sus cabezas. Las tres hermosas y sonrientes.
Las “barbies”-como solían llamarlas en el colegio- siempre iban juntas, marcando cada paso con el movimiento de sus hermosos cabellos. Eran más que una moda, más que una tendencia… ellas eran las reinas del Rockland School.
Euge llevaba la delantera, por ser la mayor –aunque solo fueran escasos segundos sobre Rochi- y también por estar siempre a la vanguardia, ella era el pan recién salido del horno, la fruta que acababa de ser extraída de la góndola. Quien decía cómo y cuando se debía vestir tal o cual prenda, ella vivía con revistas de moda en sus manos; siempre divina. Sin dudas la mejor diseñadora de todo el colegio, envidiada por muchas.
Después venía Rocío, la rubia tierna, amiga de sus amigas. Quien siempre ladeaba la cabeza y con esa sonrisa bien dentada te llenaba de calidez, era la Attías mas querida del colegio. A quien recurrirías si necesitabas algún favor, y no era que Euge y Oli fueran malas o demasiado egocéntricas, simplemente Rochi inspiraba ternura y confianza. Amaba escribir y confiaba en que llegaría lejos en eso. Era lo suyo y lucharía por tocas escribir sobre las estrellas.
Por último estaba Oli, la cantante, compositora e instrumentalista de la familia. A quien siempre querías oír entonar alguna melodía, o tocar algún instrumento con devoción. Esa era la gran diferencia con sus hermanas –quienes también cantaban- ella lo hacía con tanto respeto y adoración, que sus interpretaciones eran perfumes frescos esparcidos por los aires. De las tres Attías era la más introvertida ¡no por eso tonta eh!
Las tres seguían bailando al ritmo de Rihanna y sus grandes éxitos. Rochi puso caras raras a la cámara que las grabada –como siempre-, mientras Euge se movió con majestuosidad en una pirueta casi irrepetible. Por su lado Oli, simplemente seguía el ritmo de la canción con los ojos cerrados, moviendo la cabeza y las caderas acorde a los tiempos.
-Chicas- la puerta sonó al ser abierta- ¿prepararon las valijas ya?- Emi, la madre de las trillis ingresó con una sonrisa similar a la de Rocío. Llevaba el pelo corto y jeans rasgados, tenía grandes ojos verdes y pómulos pronunciados. Ella era la coordinadora principal del campamento del Rockland School, además de la profesora de música.
-¡Todo listo!- gritaron al unísono las chicas desde el salón de diversiones.
Cuando Emilia quedo embarazada a los 19 años y el padre de las trillis se fue dejándola completamente sola, las ideas de aborto y adopción obviamente rondaron su cabeza. Pero era una luchadora innata y aunque Dios envió a tres de una, ella pudo salir adelante y hoy la vida le sonreía. Con su nuevo marido, Mariano Torre, tenía todo lo que necesitaba. Él le deba amor, paz, tranquilidad y estabilidad a las chicas, además era un prestigioso abogado y la plata no era un problema ahora.
-Ok, entonces pediré a Juancito que suba por las valijas ¡y no bailen más que se irán todas transpiradas!- las regaño en juego. Al salir sonrió feliz de ver los frutos de tantos esfuerzos, sus hijas ya estaban grandes y eran correctas personas. Alegres, talentosas y por sobre todo chicas con valores. Después de comer tanta mierda por largos años, hoy la vida le sonreía y ella le devolvía una aún más grande.
-Emi tiene razón chiquis, este cuerpito se va a la ducha- bromeó Euge, encaminándose al baño al ritmo de la música.
-Che, Oli- hablo cómplice Rochi.
-Ajaaaa- respondió la aludida aún bailando armoniosamente con los ojos cerrados.
-¡Miráme!- exigió golpeándole el brazo.
-¡Aush nena! No me dejas bailar en paz- se quejo sobándose- ¿Qué querés?
-Quiero saber quiénes serán los nuevos instructores del campamento…- se recostó en la alfombra felpuda y roja con esa mirada tan soñadora y enamoradiza que la caracterizaba. Oli olfateo sus intenciones.
-¡Pero dejate de comer a los instructores Rocío!- la empujó para poder acostarse a su lado, riendo- Todos los santos años es lo mismo ¡¡Desde los doce años che!!
-Bueeeeeno, tampoco exageres- levantó los hombros restándole importancia a las palabras de su hermana- solo han sido dos… Coco, que fue mi primer amor y Juan, que me enseñó tanto sobre lo que amo- rememoró los momentos con ese hombre mayor, lleno de conocimientos y palabras melosas que derretirían a cualquiera.
-¡¡Cualquieraaaa!!- le aplaudió en la cara- demasiado cualquiera haberse comido a Juan nena… ¡era un cuarentón!- exageró haciéndola reír.
-Treinta y cinco, no exageres.
-Lo mismo, cinco más, cinco menos. Tiene la edad de Mariano- le recordó lo joven de su padrastro.
-No es lo mismo, Mariano es un “torpe cabeza de árbol”- ambas rieron, ese era el apodo que junto a la china (Euge) le habían otorgado a su padrino- Juan era de otro mundo…
-¡Qué asco! ¿No te acostaste con él ¿no?
-Hay nena ¡tenia quince! Soy soñadora y un poco loca, pero no una precoz- la abrazó para ambas perderse en el techo estrellado que habían pintado hace años. Euge escogió los colores, Oli las formas y ella las plasmo. Amaban tirarse sobre la alfombra y revivir esos momentos- ojala lleguen profesores caños…- comentó, tentando nuevamente a Oli.
-Sí que estás loca, yo solo pido que el profe de música este bueno. Los demás me dan igual, son solo musculines descerebrados.
-Toda la razón ¡chocame esos cinco!- chocaron sus manos, dejando los meñiques entrelazados.
-¿Están chocando los cinco sin mí?- la dulce y, fingidamente, dura voz de Euge las interrumpió.
-Sí china, comentábamos lo cabeza hueca que son los chicos del campamento…
-Vos lo decís porque te gustan los viejos- Oli rió sin tapujos y Euge la acompaño- lo que es yo, amo a mis compañeros, me los chaparía a todos. Agus, Maxi, Matt, Pabli… a todos. Pero una tiene su prestigio viste- camino hacia el placar, envuelta en el toallon blanco mientras sus hermanas levantaban las cejas ante el comentario de los chicos.
-¿Y no contaste a Tacho, a Nacho, a Mati, a Gaspar, a…?
-¡YA!- la interrumpió de un gritó- sé que son varios, ¡PERO!- levanto el dedo- ninguno se conocía entre ellos… ahh vieron, uno en cada estación…
-Tacho y Nacho son hermanos Eu- comentó Rochi.
-Bueno, esos fueron la excepción, pero eso fue a los doce años. Cuando vos estabas con Coco de dieciocho y esta con Sebas- apuntó a Oli, a quien le cambió la cara- ¡ay hermanita, perdón!- tocar el tema de Sebastián, era un real pecado en esa casa. El rubio a sus catorce años falleció de Leucemia fulminante, cuando aún era novio de Oli. Desde ese tiempo ella no había sido capaz de tener otra relación seria.
-Don’t worry- levantó las manos, antes de que sus rubias la abrazaran y consiguieran hacerla llorar- el tema es pasado, Sofy dice que debo comenzar desde cero y este verano es el indicado- Sofía su psicóloga la acompañaba desde la época más oscura de su vida, juntas consiguieron grandes avances en la inestabilidad y el dolor que envolvían a Oli por la pérdida de su novio.
-¡Me parece estupendo!- aplaudió con entusiasmo Euge- Vos encontrarás el verdadero amor, Rochi a uno no tan pasadito y yo… un rubio de metro noventa, bien pelado y con una cara esculpida a mano ¡mínimo!- alzó las cejas remarcando su prototipo de hombre ideal.
-Rocío estás loca, pero a Euge le patina maaaaaaaaaaaal- reboleo los ojos la rubia menor- mejor me voy a bañar, falta poco para partir.
Se levantó con agilidad y les lanzó un beso a ambas. Rochi comenzó a garabatear ideas sobre un papel en la alfombra y la china siguió vistiéndose para el viaje. Buscó un chupín rasgado y una remera a media panza que dejaba su piercing a la vista, se calzó unas modernas sandalias altas y dio una vuelta completa mirándose al espejo. Divina.
-¿Crees que le haya dolido que lo mencionara?- interrumpió a la escritora de la familia.
-Supongo. No es un tema fácil en su vida, le ha costado bastante- la china se sintió podrida por dentro- pero si quiere superarlo debe avanzar- Euge asintió- escuchar su nombre, ver sus fotos, botar la caja con sus regalos… son etapas que necesita quemar- nuevamente asintió.
-Es tan valiente, estuvo todos esos meses con él y lo vió partir…- ahora Rochi asentía recordando esos momentos- ¡debemos ayudarla a encontrar a alguien!
-Y no me rebolees los ojos, tenes que ayudarme. POR ELLA- exigió y a la otra no le quedo otra cosa que reír.
-Ok, planifica que yo ejecuto… te permito ser la mente maestra, yo haré el trabajo sucio esta vez- le estrechó la mano sonriente y se fue al baño de su cuarto.
Euge quedó pensativa, aún mantenía las divertidas imágenes de ella y las chicas intentando unir a Emi y Mariano ¡Cuán bien lo pasaron! En esa ocasión el “trabajo sucio” corrió por su cuenta, hacerse pasar por una chica huérfana y perdida en medio de la tormenta fue una gran idea. Lástima que los dotes de actriz los heredó Rochi y Mariano no le creyó nada, solo le siguió el juego entre risas. Finalmente sus grandes esfuerzos dieron buenos frutos y los resultados estaban a la vista, el “cabeza de árbol” hoy era su padrastro y mejor amigo de las tres, además del hombre que llenaba de felicidad a su madre.
Se terminó de secar el pelo y buscó la planchita mientras se craneaba por el prototipo ideal para su hermana, el de ella esta listísimo. Siempre rubios, siempre de ojos claros y SIEMPRE, pero SIEMPRE pelados.
~ ……. ~
Aunque pretendamos, aunque intentemos, aunque roguemos, el destino es incierto e indomable. Por más que juremos y re juremos que nunca haremos tal o cual cosa, el destino siempre tiene alguna carta que nos hace dar cuenta que no somos nada. Que por más que esta sea NUESTRA vida, la manija del sartén siempre la tiene él y es travieso. Juega con nuestras emociones, nos hace caer, comer mierda, llorar y gritar, pero también es justo… tarde o temprano siempre nos recompensa. Lo importante es mantenerse unidos a quien nos salvan, quien nos tienden su mano cuando estamos tirados en el suelo, a quienes con una sonrisa nos borran el pasado… con quienes podemos gritar “uno para todos y todos para uno” y apoyarnos como los tres mosqueteros, para salir victoriosas y quizá hasta aireadas.
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