Etiquetas

lunes, mayo 06, 2013

¿Qué es el amor?



  


 “¿Qué es el amor?” 

   Pregunta sencilla, y a la vez compleja, que ha rondado mi cabeza desde que tengo uso de razón. Tantas hermosas historias se han creado entorno a esta palabra, a este sentimiento, que consideraba prácticamente imposible poder sentirlo. Era un inalcanzable para mi mente soñadora y mi corazón inestable. ¿Cómo una persona iba a añorar tanto a otra hasta el punto de dar su vida por ella? ¿Cómo un ser  sería capaz de todo por otro? Dudas y más dudas que desde pequeña rondaban mi cabeza atolondrada, maravillándola. Yo quería sentir eso, yo quería vivir por otro, dar todo por ese otro.

   Hoy. Día nublado y cálido; día de gloria y dolor; día amado y odiado; día de sonrisas y lágrimas; día de besos… besos de amor y despedidas. Hoy, que estoy apunto de cerrar el libro con una sonrisa, miro atrás y suspiro aliviada, porque sí, amé y fui amada. Amé como nunca pensé amar. Entregué todo y no me detuve a pensar, a soñar; solo viví, disfruté y no dejé de grabar todos nuestros momentos… eternos… únicos… en mi cabeza, en mi corazón y en mi alma. La misma cabeza de niña soñadora que consideraba el amor un misterio. El mismo corazón indeciso. Y la misma alma libre.

   Siento tu cálido aliento rozando mi oreja, con ternura y congoja. Siento el susurrante latido de tu corazón golpeando mi espalda. Siento, claramente, el agua tibia del mar acariciando mis piernas. Siento tus brazos… tus brazos, siempre fieles, siempre protectores, siempre míos. Los siento transmitiéndome seguridad. Pero también siento dolor y miedo, no puedo negarlo. Un dolor que no tiene nombre, que va más allá de lo físico. Es el dolor de dejarte, de haber luchado y sentir que estamos perdiendo. Dolor frío y atemorizante. Dolor que comienza a congelar… dolor intenso. Y no quiero seguir sintiéndolo, quiero que prevalezca el amor, nuestro amor.

“Jamás te soltaré”

   Es un simple susurro. Esperanzador, renovador. No sé como más expresar lo que logras transmitirme con un simple susurro. Sigo estremeciéndome como aquella niña sonrojada ante tu mano salvadora; como la adolescente sorprendida por tus labios impulsivos y dulces; como la mujer enceguecida por la belleza de tu alma. Sigo sintiéndote especial, idóneo.

   Apoyo mi mentón débilmente sobre tu brazo, deposito un beso delicado, acompañante fiel de mis lágrimas cristalinas y suaves. No quiero soltarte, por Dios. Percibo tu miedo también. Lo siento en el flujo intenso de tu sangre, en los leves temblores de tu cuerpo; y me estremezco. No soporto la idea de dejarte.

“La cadenita”

   La voz débil y carrasposa de una extraña emerge de mi garganta, no se parece a la mía pero deduzco que lo es porque expresa precisamente lo que estoy pensando. La gargantilla. Inmediatamente siento tus dedos fríos rozando mi cuello. La brisa de la costa me acaricia, serena, majestuosa, sublime. Tus labios me regalan el más dulce de los besos en aquella zona de mi cuerpo moribundo. Sonrío, utilizando las pocas fuerzas que me quedan. Aún tengo los ojos cerrados, pero sé que tus dedos están cumpliendo nuestro hermoso ritual. El mismo que hicimos cuando nos reencontramos después de pasar tanto tiempo separados. Aquella unión simbólica de esas gargantillas que colgaron de nuestros cuerpos desde los ocho años. Desde el día en que dijimos adiós entre gritos y lágrimas… el día en que nos separaron. Increíblemente, hoy nuevamente nos separamos, aunque esta vez el sabor es dulce. Es el sabor de la buena batalla, de la entrega total. Porque si hay algo que agradezco es tu insistencia y perseverancia, tu eterna sonrisa y hasta la arrogancia con la que me perseguías. Esa terquedad con la que luchaste contra el mundo, pasando por alto padres, hermanos, amigos, enemigos. Todo… por mí. 

¿Cómo no sentirme amada? ¿Cómo no amarte como te amo, eterna y completamente?

   Desprendes con delicadeza mi gargantilla de oro blanco y diamantes, esa que es poseedora de un pequeño corazón. Quizá para muchos sea simplemente una joya más, costosa y común. Pero para mi no, para mi es algo increíble. Es el símbolo de nuestro amor, de nuestra lucha. Lo colocas con cuidado en mi mano temblorosa y la acercas a la tuya. La recuerdo perfectamente, aun sin mirarla, tengo grabada la imagen de aquel círculo perfecto en mis parpados, como el verde intenso de tus ojos hermosos. Sé claramente que el círculo se abre a la mitad, que mi corazón encaja inmaculado dentro, y que al cerrarse… lo protege, como tus brazos a mi cuerpo. Tal como ese círculo de metal forjado cuida al pequeño y débil corazón, así es como tú has hecho conmigo. Desde el día en que tu mirada hizo contacto con la mía, aun habiendo millones de personas entre nosotros. Desde el día en que todo a nuestro alrededor dejó de tener sentido. Desde el preciso instante en que mi mundo comenzó a girar por y para ti.

   No amarte sería un absurdo, una locura. Si aun no teniendo memorias tú seguías en mí, ahí, en lo más profundo de mi magullado corazón.

“Ahora es tuya”

   Siento tus lágrimas sobre mi pelo. Solo Dios sabe cuan difícil es este momento. Tu mano acaricia la mía lentamente, mientras la otra abre el círculo. Unes el corazón y lo cierras con nuestras manos unidas, generando un momento épico, divino, mágico. De la misma forma siento tu alma uniéndose a la mía y sigo envuelta en tu abrazo protector… Y… y ya no tengo miedo. Porque sé que a pesar del tiempo, la distancia y la muerte, hemos ganado y seguiremos ganando. No fue en esta vida, pero en todas las que vengan lo seguiremos intentando. Te buscaré, como lo hiciste tú y lucharé hasta el final, porque de ti aprendí.  

“Soy tuyo. Por siempre, ángel”

   Me estremezco y sonrío con la cabeza acurrucada en tu cuello. Con tus brazos apretándome fuerte y ese aliento tan tuyo acariciándome el alma. Me estremezco. Porque tu corazón casi me grita que no lo abandone, con la forma en que ha comenzado a latir. Me estremezco porque este amor ya no me cabe en el cuerpo, porque estoy débil y necesito descansar. Necesito que me cargues sobre la espalda como siempre. Necesito de ti.

“Te amo…”
“Gracias por enseñarme lo que es amar”

   No tengo fuerzas, no puedo más. Quiero pero no puedo seguir. Ya no me quedan lágrimas y comienzo a gemir por el dolor, aunque ahora solo es físico. Sé que quisieras ser tu quien cargara con él, pero no importa, ya está acabando.

   Olor a sal. Brisa marina. Ruido de olas al romper. El mar entre nosotros. Día nublado. Arena suave. Abrazo eterno. Dos personas, corazones, almas. Una historia. Un amor. Un final…


¿Qué es el amor? 

Durante mucho tiempo me pregunté lo mismo. Y hoy que te veo a la distancia, sublime y hermoso, con mi cuerpo sobre la espalda; con aquel círculo con un corazón en medio colgando del cuello; con el rostro bañado en lágrimas, pero con una sonrisa… lo entiendo. Amor eres tú. Es tu sonrisa eterna y tu mirada sincera. Es tu voz cantándome al oído “nunca te olvidaré”. Es tu mano firme sobre la mía. Es tu abrazo fuerte y protector. Amor… amor eres tú corriendo tras mi auto y gritando que no te deje. Amor es lo que me hiciste sentir el día que fuimos uno. Es el corazón latiendo a mil por horas. Es el mar acariciándonos bajo la noche estrellada. Amor no es otra cosa que tu alma encajando perfectamente con la mía. Es saber que más allá de la muerte hay esperanza. Amor es luchar, entregar, pelear y ganar; aunque todo se venga abajo, aunque todos digan que has perdido. Amor es mirarte a los ojos y sentirme plena… feliz. Tuya.

Solo me resta darte las gracias, porque solo alguien como tu podía enseñarme el verdadero significado de esa palabra llena de magia.
 Te amo. Y lo puedo decir con total libertad, porque sé perfectamente lo que significa y lo siento sincero. TE siento y te sentiré, por siempre. Amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario