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domingo, marzo 11, 2012

Kiss me




La Universidad de Buenos Aires era una de las más prestigiosas en toda Sudamérica, en ese lugar se vivía de las evaluaciones y exigencias excesivas para muchos. Desde que Pablo ingresó a estudiar periodismo hacía ya cinco largos años, había dedicado su vida a la carrera, se privó de jodas, vacaciones, minas y más por ser el mejor… y lo estaba consiguiendo a cabalidad.

Vivía solo con su madre y había prometido darle una buena vida cuando saliera del cole, por lo que estudiaba desde la mañana hasta la tarde y luego hacia trabajos de medio tiempo, nadie podía negar que era un chico sumamente esforzado. Los fines de semana practicaba natación en la piscina municipal y hacia pesas para mantenerse en forma, eso sumado a su pelo morocho revuelto descuidadamente- como de costumbre- lo volvían uno de los chicos más cotizados de la facultad.

El “cañazo”- como lo apodaban todas- encajaba en el perfil de chico perfecto: inteligente, esforzado, buena gente, humilde, lindo y con un lomazo de aquellos. Solo tenía en contra una cosa… no quería ningún tipo de relación, tanto formal o informal. Muchas llegaron a pensar incluso que era gay, pero luego de verlo un tiempo con la “China” Suarez se dieron cuenta que solo era un tipo distante. Alguien que tenía las relaciones amorosas casi en último lugar de su lista de prioridades nunca es un buen partido, pero cuando lo veían sin remera difícilmente se acordaba de eso.

-Dale boludo- rogaba Gas, su mejor amigo.
-No man, ¿Qué parte del “hoy voy a la biblioteca a estudiar” no entendiste?- respondió totalmente cabreado. El rubio llevaba toda la mañana insistiendo con el asunto de la salida esa noche.
-Pensé que éramos amigos…
-Somos, pero la amistad no está muy arriba en mi lista de prioridades- bromeó mientras caminaban fuera del campus con sus mochilas al hombro y un montón de libros en la mano.

Iban en eso cuando Gas se detuvo y sin previo aviso comenzó a llorar pegado a la pared.

-Ey man, tranca… ¿Qué pasa?
-Pasa… que… ¡no me entendés boludo! Te estoy diciendo que estoy enamorado y rogando que me hagas la segunda-
golpeo la pared con fuerza- Candela es especial loco, es una mujer única y la voy a perder por tu culpa…
-Gas… no es de mal amigo, pero realmente no puedo… mis estudios son mi vida...
-Lo entiendo, gracias- respondió serio, secándose las lágrimas con brusquedad y empujándolo al pasar.
-¡Gastón! Espera…- el aludido se detuvo unos metros más allá, dejándose alcanzar por la mano del morocho sobre su hombro- perdoname… contá conmigo hoy- sonrió al ver el cambio de expresión en su amigo.
-¿posta “caño”?- no pudo evitar burlarse.
-Posta… pero no me volvas a decir así ¡tarado!
-Bueee, todas te dicen así- se encogió de hombros mientras caminaban nuevamente fuera de las inmediaciones estudiantiles.
-¡Es una pavada! Me idealizan- Gastón no pudo evitar cagarse de la risa al recordarlo rodeado de chicas aduladoras, mientras le pedía socorro con la mirada.
-Sos su ídolo- y ante ese comentario el golpe que recibió en el hombro lo hizo saltar lejos.

Esa noche, que parecía ser una simple joda de amigos traería muchas más sorpresas de las imaginadas para el morocho caño. Su “claustro” estaba terminando y cuando uno prueba un manjar, difícilmente puede resistirse a probarlo de nuevo.

-¿Seguro es este boliche?
-Sí, eso me dijo Cande “juntémonos en RUMI”-
respondió el rubio más nervioso que nunca.
-Ey, calmáte un toque ¿sí?- el otro asintió- sos Gastón Dalmau y nunca una minita te tuvo así, recordá lo canchero que sos y todo saldrá bien- volvió a asentir- vamos entonces…
-Yo pago-
se adelantó a decir el más bajo.
-¡Ni que fueras mi novio che! cada quien paga su entrada- lo empujo para entrar primero.
-Ok “caño”- rió al escuchar el bufido como respuesta.

Ingresaron al boliche y grande fue su sorpresa al ver que todos en el lugar iban con algo rojo, era la temática de la noche. Sin muchas ganas recibieron los gorritos de fiesta y los vasos del mismo color, caminaron por los alrededores de la pista en busca de Candela, mientras Gas le enviaba un mensaje por cel. Iban de lo más tranqui pasando entre la gente cuando Pablo la vio… no era precisamente Candela Vetrano, claramente no era la flaquita que le volaba la cabeza a su amigo, sino que era una mujer distinta, tanto así, que parecía embrujado al verla.

-¿Qué miras man, la encontraste?- preguntó mirando al lugar que parecía desgastarse ante la mirada tan profunda del rubio- Oh Dios, Lali esta acá...
Había un circulo de buitres a su alrededor, quienes la miraban aún más penetrante que el morocho, llevaba un vestido rojo corto… demasiado para el gusto de muchos. No era el caso de Poli. Al recorrer sus blancas y suaves piernas con la vista fue imposible no odiarlo por impedir ver un poco más, aunque la imaginación de un periodista es lo suficientemente grande como para recrear lo faltante. Tenía una cintura delicada, la cual no permitía ser abrazada por nadie, cuando alguno intentaba acercarse demasiado, el rostro le cambiaba totalmente, ahuyentándolos. Sus caderas eran anchas e invitaban a ser cogidas con fuerzas al momento de la penetración, Pablo sacudió su pelo desordenado -un tanto brusco- al notar que estaba pensando en “sexo” solo por verla bailar, pero era demasiado difícil pensar en otra cosa… parecía como si ella expeliera un aroma que los embrujaba a todos.
-Poli, vamos….- Al ver que el aludido ni se movía lo sacudió con brusquedad- Pablo, ni te fijes en ella, es inalcanzable…

Pero definitivamente el morochito no lo estaba oyendo, tenía la mirada tan intensamente clavada sobre ella que Gas se asustó y prefirió tomar la campera e ir tras su cita.

Mientras seguía en la labor de mirarla se acercó a la barra de tragos y pidió un tequila doble, el lugar retumbaba al ritmo de Katy Perry y su ET, mientras el corazón del chico lo hacía al de las caderas asesinas de la tal Lali.
Su vista fue subiendo por aquel delicado y endiablado cuerpo. Tenía una panza perfecta, lo notó porque el vestido era tan ajustado que le cortaba la respiración solo con mirarlo desde lejos; cuando llegó al busto de la chica, creyó perder el control totalmente. Era perfectamente acorde a su cuerpo, sus pechos eran tan formados y blancos que parecían un par de montañas cubiertas de un manto de nieve, en medio colgada un collar con una piedra negra, sin saber porque, lo asimiló a un eclipse. Fue subiendo y sé percató que hasta sus hombros eran perfectamente formados; movía los brazos al ritmo de la música, con esa delicadeza tan sexy con la que bailaba el resto de su cuerpo… era un arma mortal. Quería volver a perderse en sus senos, pero algo lo hizo alzar un poco más la vista hacia su rostro, el peor error. Fue menester apretar los puños y desviar la mirada al toparse con la suya, porque lo miró con tal intensidad que podría haberse “ido” en ese preciso instante ¿¡Que estaba pensando!? ¡¿Tener un orgasmo solo con verla?! Se estaba volviendo completamente loco, pero aun teniéndolo clarísimo no podía alejarse del lugar, era mucho más fuerte que toda la fuerza de voluntad que podía obtener.

Mostrando su lado osado volvió su mirada nuevamente hacia ella, aunque ahora procuró no fijarse en sus ojos casi negros, como la piedra que colgaba entre sus pechos…sus pechos.
Estaba totalmente decidido a mirarlos nuevamente cuando se percató de los gruesos labios que tenía, cubiertos por un rojo intenso, lo tentaron al nivel de tener que sujetarse a la barra para no correr hacia ella, cogerla por sorpresa y capturarlos. Eran perfectos, carnosos, llenos de historias y pasión. Fue imposible no imaginárselos recorriendo su pecho trabajado o bajando hasta perderse entre sus piernas ¡¡God, nuevamente estaba pensando en sexo con ella!! Esta mujer lo iba a matar antes de siquiera lograr acercarse a menos de diez metros. Sus ojos volvieron a subir, atrevidos, mientras por dentro maldecía el despegar su atención de sus labios carmesí. Notó la perfección de su nariz y el piercing negro miniatura que perforaba una de sus aletas ¿podía ser tan sexy? Sí, podía y lo era. Hasta el más pequeño de sus accesorios encajaba a la perfección con su perfil de mujer fatal. Estaba en esa grata tarea cuando un movimiento le quitó el aire, la morocha se giró al ritmo de Katy y la suavidad de su pelo le erizo la piel. Morocho, largo con las puntas onduladas bailaba acorde el cuerpo del cual era prisionero, la seguía como un esclavo y se movía con su misma delicadeza. Ella tenía hasta el control sobre eso.

Ahora el trabajo de su vista fue ir bajando. Cosa grata. Toparse con el tremendo escote que dejaba su espalda perfecta al aire, fue un bonus track que casi lo hizo aplaudir mientras reía negando con la cabeza.
Tenía la respiración entrecortada. Le dieron ganas de lengüetearla hasta perder la razón ¿razón? ¡¿Qué mierda era eso?! Algo que claramente él ya no tenía, porque de nuevo estaba pensando en tener sexo con ella. Justo en ese instante el barman le entrego el trago luego de moverle varias veces el hombro, pero él no despegaba su mirada de la espalda “Lali” aunque de igual forma pudo oír algo así como “pobre diablo”, pero no le dio importancia a la frase, él tenía cosas mucho más importantes que hacer. Torpemente se sentó en un banquillo de la barra -sin dejar de mirarla- para poder disimular un poco su inminente erección. Tomó el vaso y se pegó un sorbo de aquellos olvidando por completo el fuerte contenido; mientras sus ojos seguían bajando por la silueta curvilínea que lo cautivaba, la garganta comenzó a arderle. Su mente no pudo aclarar si ese ardor se debió al trago ingerido o a lo que sus ojos veían, había llegado a su trasero. Perfectamente formado se movía como desquiciado y no supo porque al mirarla tenía la sensación de estar disgregándola, como si cada parte de su cuerpo tuviese vida propia, aunque se movieran armónicamente al mismo ritmo. Dejó de pensar en el estúpido tequila y permitió que su imaginación volara, transportándolo justo tras la chica y apoyando su masculinidad totalmente erecta junto a ese formado trasero que no dejaba de moverse como condenado a muerte.
Por quinceava vez en la noche estaba pensando en tener sexo con Lali. ¿La novedad seria…?

Inconscientemente se quitó la campera y la dejó sobre sus piernas para disimular un poco lo que tanto temía, estaba totalmente caliente y su “amigo” no era nada disimulado. La había dejado de mirar. Se asustó al percatarse de ese detalle, por lo que volvió su vista al culo que lo tenía con la temperatura por las nubes, pero nuevamente se encontró con la perfección de su panza, rápidamente alzo la vista como queriendo reclamar por el giró sin aviso de Lali… otra vez esos ojos que le cortaron la respiración, pero ahora se sumaba la media sonrisa y una ceja alzada que lo hicieron estremecer, haciendo que se le aguaran los ojos. Sintió tanta vergüenza que creyó le estallaría el rostro por la presión y el ardor, lo estaba intimidando. Pero una de esas acciones que llegan a tu vida como regalo del cielo ocurrió en ese instante, ella le guiñó el ojo. Su mente voló hacia ella y le partió la boca con locura, tocándola completamente y sintiéndola gemir entre sus brazos ¡¡Nuevamente sexo con la morochita!! Esto lo iba a matar.

Tomó fuerzas irreconocibles y decidió acercarse, quizá obtuvo esa energía cuando la vio lamiendo sus labios con extrema lentitud mientras le volvía a guiñar el ojo derecho. Sonrió, al tiempo que alzó la mano para llamar al barman, ella lo estaba eligiendo entre todos esos buitres.
Se giró a pagar la cuenta y cuando recibió la tarjeta de vuelta se coloco de pie rápidamente, manteniendo la campera al nivel de su bulto. Pero al dar el primer paso hacia la pista notó que ya no estaba, giró la cabeza de un lado y a otro con desesperación, lo agarró una angustia tremenda. Se olvidó de la erección, la calentura, la imaginación y recorrió la pista rápidamente buscándola. No estaba. Dio un par de vueltas más, en vano… definitivamente se había ido.

-¡Pablin!- la voz de Gas a sus espaldas lo sobresalto-¿Qué haces?- lo miró y notó que no le salía la voz, estaba totalmente fuera de sí- ¿te pasa algo? Pablo… me estas asustando man…
-Todo bien- escupió finalmente mirando nuevamente el lugar a ver si encontraba a la chica-¿vos?- preguntó hasta con rabia.
-Espero a Cande- ¡mendiga flaca! Si no fuera por ella nunca habría salido de su casa y conocer a la morocha infartante- que fue al baño…

Un balde de agua fría recorrió su espalda, erizando los vellos de todo su cuerpo. ¡¡BAÑO!! Como no se percató antes, eran señales, ella lo esperaba en el… baño. ¡¡Dios!! ¡¿¡¿Ella lo esperaba en el baño?!?! Se hiperventiló y la respiración le comenzó a faltar. La morocha más infartante, sexy, atrayente y hermosa que vio en su perra vida lo estaba esperando en aquel baño… esto era sacado de película.
¡¡Iba a tener sexo con la morocha!! Aunque si seguía apernado al suelo como estaba, difícilmente eso ocurriría. Miró a Gastón por última vez, le dieron ganas de abrazarlo y llorar de felicidad, sino hubiese sido por él y su flaquita loca todavía estaría dando vueltas por el boliche buscando a Lali.

-Gracias man- le palmoteó la espalda demasiado fuerte para el gusto del rubio y se fue casi corriendo.
-¿de nada?- respondió confuso, sobándose en hombro.

Corría, sí, corría hacia el baño de hombres en busca de lo que tanto esperaba, realmente no recordaba algún momento de su vida en el que se encontrará así de feliz y caliente. En el que deseara algo con tanta intensidad. Ni siquiera sus ganas por triunfar en la vida y sacar a su vieja adelante siendo un periodista reconocido, lo ponían de esa forma. La morocha tenía la clave para ponerlo a dar vueltas como un tonto, llegando a colgarlo de cabeza y eso que ni siquiera había cruzado palabra con ella, de seguro venía de otra dimensión. Ingresó al -tan anhelado- baño de hombres y con extrema rapidez abrió todas las puertas de los individuales. No había nadie. Sintió ahogarse en un mar de decepción, estaba tan seguro de encontrarla ahí que pareció comer una tonelada de mierda. El lugar se estaba achicando, las paredes lo estaban aplastando… parecía asmático, el no tenerla lo estaba matando.
Entre la falta de aire, el temblor de las piernas y las ganas de romper todo, pensó en algo. Baño de chicas…. ¡¡BAÑO DE CHICAS!! Su mente gritó con desesperación. Realmente todo su cuerpo estaba deseoso de la morocha.

Otra vez corrió, pero se detuvo al ver salir a un grupo de chicas del tocador. Le dieron ganas de empujarlas. Cuando se fueron -luego de mirarlo y hacer un par de comentarios sobre su lindo pelo o atrapantes ojos- el morocho ingresó de espaldas y con cautela al lugar, esperando no ser visto. Cerró la puerta con cuidado y se giró de la misma forma. Ahí estaba. Parada frente al espejo retocando el carmesí de sus labios. ¡¡Aire, aireeee!! Nuevamente el aire lo traicionaba y se marchaba de su lado, haciéndolo temblar. La tenía en frente, tan diosa, tan perfecta, tan sexy y no sabía que mierda hacer. Ella alzó la vista y volvió a sonreír de costado, haciéndolo estremecer y sintiendo que se desmayaría ahí mismo por la emoción, pero se concentró en no ser tan boludo y le devolvió una sonrisa nerviosa. Lali giró. Fue tan rápido el movimiento, que lo llegó a marear, y con una mirada casi diabólica caminó hacia él.


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Se detuvo en el preciso instante en que no había distancia entre sus labios y el morocho abría la boca por inercia, estaba temblando. Ella sonrió de costado, era tan bonito e inocente que no pudo resistirse a probarlo. No estaba acostumbrada a comer carne tan blanda, pero una vez no le haría daño a nadie, cuando lo vio entrar al boliche con el otro rubio no pudo evitar sentir que su zona íntima se humedecía y hace tanto tiempo que no sentía eso que lo valoró. Bueeeeeno, realmente no le dio bola a la humedad, pero el pelo revuelto y la remera ajustada a ese fornido pecho la convencieron. Le recordaba a esos guerreros romanos que aparecían en sus historietas de infancia. Por eso le sonrió, por eso le guiño el ojo; porque significaba un soplo de vida en medio de tanta mierda y ahora lo tenía en frente a su completa disposición.

Estaba sonriendo y recordando como lo había seducido, cuando él capturó su boca con salvajismo, llegó a pensar en canibalismo. Volvió a sonreír entre sus labios. Se movía con extrema rapidez, y jugaba con su boca de una forma magistral, hace mucho que añoraba algo así… por eso la carne fresca era tan prohibida en su medio, porque era adictiva. Ese chape le estaba quitando el aire con la facilidad que se hace llorar a un nene al reventarle un globo -se asustó un poco- pero todo quedó en el olvido al sentir la penetración de la juguetona lengua del chico.
Inevitablemente imaginó el tipo de penetración que sería capaz de darle el chico si seguían a ese ritmo, pero más abajo. Decidió tomar el control de las cosas y hacer notar al “ojitos verdes” que ella lo había elegido entre todos los demás.

Fue el turno de su lengua. Lo penetró con tanta delicadeza que fue clara la rigidez que lo envolvió. Lamió sus labios y su paladar, sintió su saliva… la saboreó y el cosquilleo en la panza fue inevitable. Movió sus labios al ritmo de la música que resonaba fuera del baño y siguió el juego con la lengua, lentamente la de él fue asimilando sensaciones y atreviéndose a indagar junto a la suya. Se conocieron y se amaron al instante, viviendo su propia historia entre idas y vueltas, como niños que experimentando su primera vez. Era un juego tan caliente que parecía derretir las paredes. Nuevamente ella decidió tomar el control y hacer algo que- sabía- lo pondría a sus pies. Con un rápido movimiento lo empujó sobre la puerta y succionó su lengua con brusquedad, fue como hacerle sexo oral, todos los que habían probado esa maniobra le decían lo mismo, era una táctica repetitiva pero efectiva.
El accionar fue tan eficaz que tuvo que sostenerlo un poco ante el fallo de sus piernas, succionar su lengua repetidas veces era algo que les volaba la cabeza a ambos, sumado al golpe contra la puerta, daba una ecuación perfecta. Fue en ese instante que cometió el peor error de su vida, mientras lo besaba abrió los ojos. Y lo vio entregado, con sus ojitos cerrados- un tanto apretados- lindo, dispuesto… lo vio completo para ella, dedicado a la maniobra de satisfacerla y ese simple panorama la llenó de ternura. Se maldijo internamente y lo soltó. Él la miro casi con desesperación y al notar que ella iba al lavabo por sus cosas y se devolvía hacia la puerta. Se asustó.

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En su vida lo habían besado de esa forma, era casi infernal, ni siquiera pudo evitar el temblor de sus piernas que parecieron fallar y dejar que cayera al suelo. Pero ahí estaba ella, azotándolo contra la puerta- una y otra vez- mientras se apropiaba de su lengua como endemoniada, quería penetrarla en ese preciso instante pero el momento era tan especial que no quería cortarlo. Fue ella quien lo soltó con brusquedad y se alejó, tomando sus pertenencias y dirigiéndose a la manilla de la puerta. Por fortuna para abrirla tenía que correrlo a él, cosa que no ocurriría jamás contra su voluntad.
El miedo que lo recorrió fue tal que llegó a cuestionarse el haber hecho algo mal, con agilidad se interpuso en su huida y la tomó por la cintura.
Era la última oportunidad y debía aprovecharla.

La apegó con gran fuerza a su cuerpo, haciéndola gemir, podía sentir la suavidad de sus senos presionados contra su pecho y la perfección de su cola. Sí, le estaba masajeando de tal forma el culo que ella cerró los ojos y soltó un leve gemido, sumado al masajeo estaba el poder sentir toda su masculinidad totalmente erecta y entregada a sus encantos. Rozó sus labios pero no la besó, contra todo pronóstico capturó el cuello y lo hizo suyo. Lo beso, mordió, lamió, succionó y volvió a lamer, esa era la forma de demostrarle lo que haría si lo dejaba llegar hasta su entrepiernas. Estaba tan caliente que definitivamente creía que se “iría” en ese instante, pero se contuvo, aunque sentir los gemidos de la morocha al oído lo sacaban de quicio. Soltó su cola buscando el cierre del maldito vestido y cuando lo encontró -a un costado- lo bajó con rapidez, casi rompiéndolo. Este cayó al suelo sin vida, inservible y despreciado por ambos. La soltó, alejándola un poco para verla mejor y apreciar por primera vez con detenimiento su cuerpo desnudo. Estaba perfecta, sexy y hermosa ante sus ojos verdes inyectados de sangre, cortándole la respiración, esa era una costumbre de Lali al parecer.
Sentía hasta ganas de comérsela, era extremadamente deliciosa, podría haberse quedado toda la noche memorizando cada parte de su perfecto cuerpo, delineándolo con sus ojos y acariciándolo con su deseo… pero ella quería más y él se lo daría.

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Estaba ante sus ojos verdes sin nada que la cubriera, como Dios la envió al mundo, aunque un tanto menos cohibida, de hecho no estaba para nada cohibida. Solía andar por allá y por acá desnuda, escandalizando a sus vecinos o a la gente que la veía en la playa, cosa que solo le causaba gracia. No veía nada de malo en andar por ahí totalmente autentica, sin aparentar nada, tal cual era. Incluso lo consideraba un acto valeroso, ya que pocos se atrevían a mostrarse así de desinhibidos ante el mundo. Pero este no era el momento para pensar en su desinhibición, era tiempo de ayudarlo a él. Con agilidad le quitó la remera y se maravilló ante aquel fornido pecho, era un Adán de esos que no veía hace mucho tiempo, ya no recordaba lo bien que sabían los hombres jóvenes… aunque este “caño” era una total excepción, estaba fuera de serie.

Se adueñó de su cuello y le dio de su propia medicina, mientras le quitaba los pantalones con maestría. Fue bajando entre lamidas venenosas sobre su pecho y se detuvo en una de sus tetillas, lo mordió mirándolo, él solo apretó el puño sobre sus ojos cerrándolos con fuerza.
Estaba loco por ella. Siguió bajando con lentitud, repasando cada detalle entre los músculos de su marcada panza mientras lo afirmaba del trasero- que apropósito, estaba muy bueno- con tanta fuerza que de seguro sus uñas no se borrarían tan fácilmente de él, bajo los bóxer ajustados y capturó su masculinidad con las manos deseosas, mientras besaba sus piernas. El gemido fue tal que ella se paró y le cubrió la boca, mientras con la otra seguía masajeando su “amigo”. Lo hacía de tal forma que el chico parecía desfallecer, lo estaba torturando. Él le mordía la mano, mientras apretaba sus pechos con fuerza- estaba fuera de control- en cualquier momento “estallaría”. Prefirió soltarlo y volver a capturar su boca con fiereza, mientras ambos gemían. Era todo tan rápido que parecían estar en una película que se ve con el botón de acelerado apretado.

Nuevamente fue al ataque y soltó su boca, siguió el camino descendiente por su pecho con la lengua hasta llegar a su pene, lo miró y sonrió con picardía, él parecía estar debatiéndose entre querer y no querer ser sometido a tal tortura, pero desvió su mirada al verla lamerlo como si comiera un helado.
Se adueñó de su miembro, lo succionó, mordió levemente, lamió y le entregó tal satisfacción que al volver a mirarlo vio en el morocho una mirada asesina que la hizo estremecer y sonreír.

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Se iba ir, se iba ir… no podía aguantarlo más. No podía ser tan hermosa y a la vez tan malvada, sabía que lo estaba torturando mortalmente, pero aun así no se detenía y él no podía hacerlo, estaba como atado de manos entregado al placer. En eso ella lo miró y volvió a sonreír, entonces su orgullo masculino salió al rescate y le dio fuerzas para nuevamente dominar la situación, la levantó con brusquedad de la nuca y volvió a besarla, pegándola de tal forma a su cintura que casi la penetra al instante, eso le robo un gemido fuertísimo. La tomó en sus brazos y la sentó en el mueble del lavabo, comenzó a besarla con locura, con hambre, mientras una de sus manos se dirigió a “la zona íntima” y la masajeo de tal forma que un sexy “Joder” se escapó de esa boca carnosa, él sonrió al verse victorioso y siguió jugando con su clítoris, sintiéndola retorcerse entre sus brazos. Ambos estaban en una situación tan comprometedora que solo faltaba la penetración para llegar al clímax, pero el morocho quería venganza y la tendría.

Fue bajando con su lengua por el cuello y llegó a la piedra negra que colgaba, serena, de su cuello delgado. Con un brusco mordisco lo tiró hacia su espalda y lamió sus pechos –libres- con desenfreno, los masajeo y mordisqueo, sin dejar ningún espacio seco. Luego siguió bajando por la panza y se percató de su perfección, ¿¿esta chica no tenía defectos?? Claramente no, era ideal.
Sin más preámbulos llego a su intimidad, húmeda ya, y repitió el accionar de su cuello en esa zona. Ella gemía con intensidad, gruñía y contorsionaba la espalda con tal escándalo que casi se da un cabezazo contra el espejo. Pablo seguía en su labor excitante disfrutando hasta el más mínimo detalle de su feminidad, disfrutando de aquel exquisito sabor y sabiéndose vencedor en la lucha estúpida que mantenían. Un nuevo “Joder”, pero esta vez más fuerte, escapó de sus labios. Eso lo detuvo, notó que era el momento. Ella estaba demasiado excitada, tanto así, que no lo dejó ni reaccionar y lo tomó del pelo con fuerza, poniéndolo a su altura y pegando su frente a la suya.

-Cógeme- exigió con los dientes apretados y voz extraña.

Sin dudarlo ni un segundo la subió sobre si a koala y penetrándola con fuerza, se quedó quieto en su interior, disfrutando de su expresión. Tenía la boca abierta, los ojos en blanco y la cabeza inclinada ligeramente hacia atrás. Lo estaba haciendo perfecto. Unos segundos después comenzó el verdadero juego, una embestida tras otra arrancaba; gemidos constantes de su garganta y él no se quedaba atrás, hace mucho no tenía este nivel de sexo y estaba disfrutándolo al máximo. Estaba penetrándola y ambos comenzaban a gritar con tal intensidad que decidió ahogarlos con un beso hambriento, no podían ser descubiertos. TARDE afuera se escucharon risitas y ambos se miraron asustados, venía gente.
Sin salirse de su interior corrió al mueble y tomo sus cosas con una mano, mientras con la otra la sostenía. Ella reía… y él se contagió al instante. Pateó la ropa que está en el suelo hacia uno de los privados e ingresó cerrando rápidamente la puerta. La apoyó contra ella y le cubrió la boca con la mano, al parecer a ella no le importaba ser descubierta.

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Estaba dentro de ella, sentía su calidez y lo estaba disfrutando, como también disfrutaba de su sonrisa al verse descubiertos. Era encantador ver sus ojos tan abiertos a la expectativa y cuando la miraron contagiarse con su risa. Entrecerró los ojos y supo que esa era su venganza, él tenía miedo a ser descubiertos. Lo besó con excesiva sensualidad, moviendo las caderas al mismo ritmo y apretaba su trasero con las piernas, era SU momento de volverlo loco. Él intentó aguantarse, pero Lali se movía de una forma tan inimaginable que se “iría” en ese preciso instante, ella soltó su boca y dejó que se le escapará un gemido gutural que resonó en todo el baño.

-¿Hay alguien ahí?- preguntó una voz femenina, entre las risitas de las demás. Él la miró con cara de horror y de inmediato ella se dio por vencedora, levantó las cejas haciéndoselo notar y el asintió dándole la victoria.
-Sí ¿acaso uno no puede vomitar tranquila?- preguntó con molestia y al instante las risitas cesaron.
-Vámonos chicas- sugirió otra voz y a los segundos después el baño estaba vacío para ellos nuevamente.

Cuando volvió a mirarlo se asustó, él la miraba embelesado, como si hubiese descubierto la octava maravilla del mundo. Entonces no le dio tiempo a nada más y lo besó, con desenfreno para seguir con su labor, lo empujó contra el retrete y quedaron sentados sobre él. Ella comenzó a saltar sobre su pene y en esa maniobra que cada vez tomaba mayor velocidad, llegaron al clímax luego de un largo rato de palabras sin mucho sentido. Pablo se apoyó sobre su pecho agitado y sudoroso. Luego la besó con ternura, Lali sonrió, había sido un muy buen momento y lo valoraba, pero era hora de irse.

En un rápido accionar salió de él y se limpió rápidamente, tomo su vestido y se lo puso; masajeo su cabello y tomó las cosas que llevaba, estaba a punto de salir cuando él la tomó del brazo, confuso. Estaba huyendo.

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Escuchar su voz casi le quitó la calentura del buen sexo, fue como escuchar cantar a un ángel. Su timbre, su forma de mover la boca, su voz… todo era perfecto. Le dieron ganas de abrazarla tiernamente y decirle que nunca la dejaría sola, que estaba perdidamente enamorado de ella y que quería dejarlo todo por tenerla eternamente a su lado. Quería besarla con ternura y acariciar su mejilla con el pulgar-lentamente- quería amarla y que ella lo amara.
La estaba mirando, con cara de bobo, cuando ella lo vio directamente. El verde y el café de mezclaron y pudo notar el miedo cruzando su mirada –él la miraba con amor, más que con deseo, y eso la asustó- entonces lo besó con desenfreno y reanudo la labor sexual que tenían inconclusa.
Nuevamente lo excito al máximo y al sentarlo en el retrete comenzó a saltar como condenada… no había nadie como ella, ni lo habría jamás. Juntos llegaron al mejor clímax existentes hasta el momento, en su perra vida había disfrutado tanto con una mujer como lo había hecho esa noche, al tenerla entre sus brazos. Pero todo se fue a la mierda cuando la observo salir de él, limpiarse y vestirse. Se calzó los tacones aguja y tomo su campera de cuero con su bolso, acomodo un poco su pelo y se iba, estaba decidida a escapar de esos ojos de enamorado. Después de tan hermoso momento, ella se iba como si nada.

Pero el morocho –aunque siempre fue lento- alcanzó a reaccionar a tiempo y la detuvo tomándola del brazo con desesperación.

-No te vayas- rogó pegándola a él. Ella lo miró con lástima, con dolor; tampoco quería marcharse, lo leyó en sus ojos oscuros, pero bañados por algo parecido a la angustia- por favor Lali…- lo miró sorprendida, no contaba con que la conociera, y menos por ese apodo.

Sin mucho más que decir se besaron, por largo rato, pero no con desesperación, ni pasión. Sino con miedo y dolor, se estaban despidiendo.
Por eso el sabor amargo no se iba de sus bocas, porque los besos con sabor a despedida son los más amargos, así como los más difíciles de borrar.

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La puerta del baño se abrió, dejando entrar a otro grupo de chicas, era el momento preciso. Lo empujo con fuerza lejos de ella, haciéndolo chocar contra la pared del individual, tras la puerta. La dejó abierta para cubrir al desnudo morocho que la había hecho tocar las estrellas. Salió lo más campante que pudo y dedicándoles una sonrisa a las chicas -que la miraban extrañadas- se fue. Pablo no pudo hacer nada, su ropa estaba tras el retrete y no la podía alcanzar sin ser descubierto, hasta en eso había pensado ella al huir.

Cuando las chicas se fueron y estuvo completamente solo se vistió rápido, golpeando la pared en reiteradas ocasiones. Odiaba la sensación de su boca, el vacío en su estómago y el dolor en el pecho. Se calzó y salió corriendo.

La buscó, la buscó por todos lados. Solo Dios sabe cuánto la buscó esa noche y todo el resto de la semana. La quería, la amaba y añoraba poder acariciarla de nuevo, pero era casi imposible encontrar a “su Lali” en esa tremenda ciudad. Con sus dotes de periodistas investigó, pero no llegó nunca a nada.

Un día de esos decidió hablar con Gastón, recordando que por él supo su nombre… Lali.
Se odio por ser tan estúpido de no deducir antes que el morocho conocía a su mujer fatal.

-Gas, vení… necesito hablar contigo, vení- lo llevó hacia un rincón del patio de la facultad.
-Dígame Sr. caño ¿para que soy útil?
-Para nada, eso es claro-
no pudo evitar bromearlo.
-Entonces me voy man- contestó molesto.
-Es joda viejo, vení-  lo volvió tirar hacia el rincón- necesito de tu ayuda, así como yo te hice la segunda con Candelita.
-¿Queres que te haga la segunda?- preguntó extrañado- Cande me mata…
-No boludo, solo quiero que me respondas algo...
-Haber si es que puedo, pregunta.

-Vos conocías a la morocha de rojo del boliche ¿no? Incluso dijiste un nombre- se hizo el boludo.
-¿Morocha del boliche? ¡Me estas jodiendo!
-No, no es joda-
respondió cortante.
-Man el boliche estaba lleno de morochas de rojo- lo cargo riéndose.
-Lo sé, estúpido, pero es a la chica que vimos antes de que yo me perdiera por un rato- le dio más pistas, sin dejarse en evidencia.
-¿Por un rato? Un par de horitas man- Rió palmoteándole el hombro.
-¡¡Gastón concéntrate!!- perdió la paciencia.
-Bueeeeno, calmáte Poli- se asustó al verlo así- desde que me preguntaste sé que te referís a Lali y también sé que quedaste baboso por ella- lo dejó en evidencia.
-¿De dónde la conoces Dalmau?- preguntó serio.
-Pablo aléjate de esa mujer, en serio no es para vos- le aconsejó también serio.
-No es tu problema ¿de dónde la conoces?- insistió molesto.
-Ok, te contare la historia- se sentó en el suelo suspirando- sentáte, vení.
-¿De dónde la conoces Gastón? ¡No des más vueltas!-
casi lo gritó con desesperación.

-¡Tranquilo amigo! escúchame. Cuando tenía catorce años papá me consiguió una novia para perder la virginidad, era como una costumbre familiar perderla a esa edad… pero yo tenía problemas emocionales con el tema y no pude. Mi papá se enojó mucho, al extremo de una noche levantarme de la cama y prácticamente a rastras llevarme al “cofre del tesoro”- suspiró un tanto angustiado- ahí perdí mi virginidad, él pidió a una chica nueva para mí y pagó más de lo normal para que fuera una virgen…- Poli no quería pensar lo que estaba pensando- ella estaba casi tan asustada como yo, fue lo más lindo de mi vida… me enamoré perdidamente de ella, pero lamentablemente Lali vivía otra vida y nunca la dejó por mí…
-¡¿Vos me estas jodiendo?!-
se puso de pie hecho una furia.
-No Pablo, vos sos mi amigo y al primero que se lo cuento- trató de abrazarlo, pero a cambio recibió un empujón.
-¡¡Mentiroso!! Lali no es... eso, no lo es- gritó golpeando la pared.
-¿vos te acostaste con ella? Claro, es por eso que te perdiste…- sacaba conclusiones más para sí mismo que para su amigo- estás enamorado ¿no?
-Ella no es eso…
-Pablo Martínez, miráme-
levantó su cabeza- man ella es inalcanzable, vos no sabes el nivel de vida groso que lleva, es la estrella del “cofre del tesoro”. No la encontraste porque nadie la conoce por Lali, para todos ella es “zafiro negro” o algo así, por la piedrita que lleva en el cuello, ese es su símbolo- contó destrozándole el corazón a su amigo.
-No puede ser…
-Es amigo… es… lo lamento man, pero te enamoraste de la persona menos indicada del mundo-
lo compadeció y se fue.

Durante el resto del mes no hizo otra cosa que llorar y dejar de comer, estaba desbastado, añoraba a esa morocha como ninguna otra cosa en este puto mundo. Añoraba abrazarla, besarla, susurrarle al oído y embriagarse con su aroma; añoraba recorrer sus curvas y probar esa boca dulce y carnosa… la extrañaba tanto… y saber que nunca podría tenerla, lo mataba un poco más cada segundo que corría.

Un día de esos decidió ir a verla, no sabía con qué fin, pero necesitaba verla nuevamente y convencerse de que no todo había sido un hermoso sueño. Goggleo buscando la dirección del “cofre del tesoro” y fue hasta allá, tenía miedo de entrar, pero sacó fuerzas de flaquezas y entró a la lujosa mansión.
Sin saber cómo lo dejaron ingresar, llegó al interior de la casa, ahí fue detenido por otra hermosa mujer.

-¿En qué puedo ayudarte bonito?- pregunto sensualmente.
-Busco a “zafiro”- respondió con decisión.
-Otro más- carcajeo con sorna- ¿qué hacía en la cama que a todos los embobaba?- preguntó con envidia.
-¿hacía? ¿Ya no hace?
-No, zafiro se retiró del cofre del tesoro hace como un mes-
le contó sin importancia.
-¡La puta madre que me pario!- gritó golpeando la pared y rompiéndose los nudillos.
-¡Ey loco! Tené cuidado- lo afirmó y llevó hasta la cocina. Él comenzó a llorar- fue por tu culpa entonces…
-¿Qué?
-Vos te acostaste con ella ¿no? Por eso se retiró… la estúpida se enamoró-
mastico cada palabra con rabia- ella era mi estrella y me abandonó, no le importó nada- escupió molesta, mientras le vendaba la mano.
-No hay nada más fuerte que el amor “esmeralda”- la llamo de esa forma al ver la perla que colgaba de su cuello.

-Lo sé… yo también ame y no fui tan fuerte como ella… por eso siempre la admire tanto, tiene unas agallas envidiables- confesó- Lali es la mujer más fuerte que conozco, fui testigo de su cambio, porque la vi llegar acá… era solo una niña asustada- recordó risueña- y la muy boluda se enamora del chico que le tocó desvirgar- negó con la cabeza- pero aprendió a olvidar…
-Ten en claro morochito, que si se fue de acá donde lo tenía todo por vos, es porque lo que siente es tremendo…- comentó asintiendo.
-Yo la amo con locura…- confesó llorando de nuevo.
-Entonces sentiste afortunado porque sos correspondido- le sonrió acariciando su mejilla maternalmente- ¡ya está! Curado. No andes golpeando paredes por ahí nene- y diciendo eso se fue.

Él saberse digno de su amor lo había revivido, pero aún le faltaba un paso… encontrarla. Con el pecho lleno de esperanzas salió de la mansión casi corriendo, dispuesto a recorrer cada casa del gran Buenos Aires preguntando por ella, hasta encontrarla.

-¡Che morochito!- un gritó lo detuvo, era Esmeralda- toma, ahorrate un par de meses de búsqueda…- dijo entregándole un papel y entrando de vuelta a la mansión.

Era una servilleta con la dirección de Lali… ¡¡La dirección de Lali!! Casi lo gritó mirando hacia todos lados en busca de la rubia para agradecerle. La vio asomada en la ventana y le hizo una reverencia graciosa, haciéndola reír, sin duda le debía mucho.
Salió rápido y tomo un remis que lo guiaría a su felicidad, indicó la dirección y partieron. Estaba tan ansioso, que creía perdería la razón en cualquier momento, se le iba salir el corazón. Los detuvo un enfrascamiento del demonio y mientras miraba fastidiado por la ventana vio una joyería, le pidió al taxista que lo esperara y se bajó corriendo. Seleccionó una piedra preciosa especial y compro el collar con todos los ahorros que tenía depositados, la tarjeta quedo vacía, pero ella valía eso y mucho más.

Al cabo de una hora más estaba de pie, temblando, frente a una hermosa casa en la zona de Martínez. Con un ramo de rosas rojas como sus labios esa noche y el collar en la otra.

“¡Vamos!” se dio fuerzas y apretó el botón del intercomunicador.
-¿Si?- era su voz, no había dudas. Jamás olvidaría ese tono y esa forma de pronunciar cada letra.
-Ejemmm- tosió disimuladamente- traigo un envió…- trato de hablar con otra voz.
-Pase- se escuchó la reja abrir. ¡Bien! Todo había resultado hasta ahora.

Con las manos temblorosas, el pelo peinado hacia atrás, su traje negro de camisa blanca y corbata roja, tocó el timbre. Estaba dispuesto a todo.

-¿Qué me habrán enviado ahora?- pregunto al abrir la puerta, no se percató de inmediato quien era porque él tenía cubierta la cara por las rosas.
-La tarjeta dice…- y comenzó a leer entregándole las rosas, ella cerró los ojos olfateándolas. Amaba las rosas- “Rosas rojas, tan rojas como tus labios…aquellos que me llevaron a la locura”- leyó lentamente, percatándose que ella se quedaba dura al verlo.

-Morocho…- parecía incrédula.
-Morocha…- le sonrió de costado.
-¿Cómo…?
-¿Cómo llegue acá?-
interrumpió su pregunta- porque encontré un cofre del tesoro, mientras buscaba un hermoso zafiro negro, casi inalcanzable, pero con la ayuda de una esmeralda verde intenso pude encontrar mi tan AMADO zafiro… y no pienso dejarlo ir más- hablo pausado y con voz seria, mientras se acercaba a ella.
-¡para!- interpuso la mano estirada entre ellos- vos no sabes nada de mí, ni yo de vos…- trató de excusarse.

-Error, yo sé un montón de cosas de vos- asintió- sé que te dicen Lali, que te llamas Mariana Espósito, que naciste en Banfield y que te viniste a esta zona a los trece años. Sé que quedaste huérfana y tomaste un camino difícil. Sé que sos valiente y hermosa, que me volás la cabeza y que tenés la mejor cola de todo Buenos Aires- ella sonrió llorando de emoción- sé que te amo y que te busque cada día desde que nos conocimos, sé que te quiero a mi lado por siempre; sé que quiero ser el padre de tus hijos y el hombre que despierte cada día a tu lado…- el llanto de ella era tan intenso que llegaba a parecer el de una niña, ese hombre era lo mejor del mundo- sé que te gustan los zafiros…dijo sonriendo y secando sus lágrimas con los pulgares y poniéndose tras ella- y que éste te traerá malos recuerdos por siempre- señalo el collar con la piedra negra y se lo sacó- por eso te compre éste…- puso ante sus ojos el mismo collar con un zafiro rojo intenso- para que combinemos…- rio señalando su corbata.
-Morochito…- gimió mientras el colocaba el diamante en su delicado cuello y lo besaba con ternura.
-Pablo Martínez, estudiante de periodismo, sin padre, sin plata, sin compromisos… hasta hoy-susurró la presentación al oído- Mariana Esposito, ¿aceptaría a usted a este morocho loco y enamorado como novio y futuro esposo de sus hijos?- preguntó arrodillado frente a ella. Quien lloraba desconsoladamente, pero también reía por las ocurrencias del joven, era definitivamente un payaso.
-Acepto encantada… payasito- respondió tocándole la punta de la nariz con ternura y luego lanzándose al suelo sobre él- porque yo también estoy completamente enamorada de este payasito loco que me hizo el amor por primera vez en la vida- él la miró feliz y risueño- *tuve sexo mil veces, pero nunca hice el amoooor*- le cantó con esa hermosa voz.
-¡Che cantas hermoso!- comentó maravillado- yo tocó la guitarra, si algún día no tenemos plata podemos subirnos a cantar a los colectivos- le sugirió haciéndola reír- Me parece una idea excelente, de alguna forma habrá que alimentar a los ocho nenes ¿no?- él la quedo mirando con los ojos casi saliéndose de sus cuencas.
-¡Te amo! ¡¡Te amo!! ¡¡¡TE AMOOOO!!!- gritó a todo pulmón.
-Payasito…
-¿Qué, payasita?-
preguntó mirando con ternura su puchero.
-¿A vos no te importa todo mi pasado?- respondió con una pregunta temerosa.
-No hermosa, a mí solo me importas vos y el excelente futuro que tendremos juntos- le tomo la mano y la beso- tomados de la mano por siempre…
-Kiss me…-
le pidió ella con una sonrisa pícara, feliz por la respuesta.

Después de todo ese era su punto de encuentro más esperado y disfrutado, Pablo y Lali sabían amarse solo con el contacto de sus labios, con un simple beso… pedido, robado o entregado por pura ternura, sus besos siempre serian inolvidables.

***-Vamos arriba, hay que trabajar duro para conseguir los ocho nenes- le susurró al oído, cargándola como novia sobre sus brazos y cerrando la puerta de una patada***

FIN

1 comentario:

  1. ¡¡¡MAS HOTS Y MAS TIERNOS LOS PAYASITOS!!!

    Me encantó como se quedo imnotisado al ver bailar a Lali (normal siendo una DIOSA bailando quien no se quedaria asi). Ame lo mala que fue Lali al dejar asi y solo a Pablo en el baño jajaja, casi los descubren jajaja xD. Fue SORPRENDENTE el pasado de Lali y lo tierno que fue él diciendole que solo le importaba su futuro y presente con ella ;)

    Son pura PASION, ATRACCIÓN Y QUIMICA (L)

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